.@urpalma ::: #Milagros_Romero_Torres: #BARRIOS_ALTOS de #Lima, #historia y #evolución #arquitectonica. reseña: #Arquitecto_Samuel_Amorós.

Arquitecto Samuel Amorós:
Publicación que rescata la memoria de los #Barrios_Altos de #Lima.

Hace muy poco ha salido a la venta en las librerías de Lima, la recopilación de un conjunto de ensayos científicos titulada: Barrios Altos. Historia y evolución arquitectónica, una publicación del Instituto Seminario de Historia Rural Andina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El “Seminario”como también se lo conoce, fue ideado y plasmado por Pablo Macera en el ya lejano 1966, con el objetivo de promover al arte popular, la antropología y la historia en general. El énfasis en la investigación de la historia de la arquitectura, es realizado por la unidad dependiente del Seminario denominada Proyecto de Investigación Histórica de Patrimonio y Educación Patrimonial, que ha tenido la iniciativa de orientar sus esfuerzos hacia uno de los sectores olvidados del centro histórico de Lima, pese al valioso acervo histórico y artístico que todavía persiste.Milagros Romero ha editado la publicación y a la vez ha encabezado a un grupo de jóvenes historiadores, quienes han estudiado los inmuebles patrimoniales bajo el sustento y permanente interacción de las fuentes primarias y secundarias, pero tratándose del estudio de inmuebles, es notorio el escaso manejo y dominio de las herramientas para el análisis de los edificios. Aunque la formación académica de pregrado de cada uno de los autores está alejada de la arquitectura, dicho obstáculo bien pudo haber sido enfrentado convocando a un equipo interdisciplinario. De esa forma se habría logrado una respuesta integral a la problemática planteada. El libro se ordena en tres secciones, estando la primera de ellas dedicada al espacio urbano bajo el título de “Barrios Altos: historia y patrimonio,” bajo la autoría de Milagros Romero. La historiadora presenta un panorama general de los orígenes de ese sector de la ciudad virreinal, delimitándolo para luego indicar que inicialmente estuvo poblado por los descendientes de indígenas y esclavos africanos, entre cuyas modestas moradas se alzaban iglesias y casas religiosas. Sin embargo, luego del sismo de octubre de 1746 un sector de la élite limeña se trasladó hasta allí, para construir sus propias casas principales y aumentar significativamente el valor del suelo, comenzando un cambio que inclusive dinamizó comercialmente a toda esa área durante más de un siglo. Después, la autora se enfoca en la evolución de la plaza Bolívar, antiguamente conocida como plaza de la Inquisición. Sobre dicho espacio urbano Bromley decía: “Es probable que esta plaza, o parte de ella, fuera en su origen la llamada del Estanque,[…]”. [1] Pero ese planteamiento claramente hipotético, es tomado como una aseveración por Milagros Romero sin aportar ninguna prueba documental, lo que podría inducir al error a futuras investigaciones.Se sabe que existió por lo menos una caja de agua o cisterna próxima al hospital de la Caridad [2], siendo probable que estuviera ubicada en la actual plaza Victoria de Ayacucho, lo que explicaría el desnivel topográfico de dicha área con respecto al jirón Andahuaylas. Más allá de la citada observación, la autora prosigue explicando el cambio en la forma de la plaza y las transformaciones sucedidas en los inmuebles que la limitaban, que concluyeron con la destrucción provocada por el ensanche y apertura de la avenida Abancay.

La plaza Bolívar, que antiguamente fue conocida bajo el nombre de plaza de la Inquisición. Imagen: propia, 2019.

A continuación, se desarrolla la segunda parte de la publicación que constituye propiamente el cuerpo principal del libro, que es denominada “Historia y arquitectura” y se divide en nueve contribuciones intelectuales, que inicia Rolando Arciga con el texto “De inquisidores a salvadores. Evolución de los inmuebles de las estaciones de bomberos ‘Roma’ y ‘Cosmopolita« .Arciga comienza con una introducción en donde resume su estudio, para luego remontarse a la inicial ocupación del Tribunal del Santo Oficio, deuno de los solares hacia la plaza que inicialmente perteneció a Nicolás de Ribera el Mozo, quien a su vez también le había otorgado su propio nombre a la plaza, pero que luego fue trastocado ante el establecimiento de la Inquisición. En el local del Tribunal del Santo Oficio, el destacado alarife del siglo XVII fray Diego Maroto proyectó y construyó una capilla, tal y como consignó Antonio San Cristóbal, [3a] quien corresponde el mérito de haber ubicado y trascrito los documentos que Arciga cita al respecto. El autor reanuda su relato, reseñando los cambios sucedidos en la edificación del Santo Oficio, luego de producida la independencia hasta finales del siglo XIX, centrándose en la demolición de la capilla y las nuevas construcciones realizadas en su lugar, que incluyeron los inmuebles destinados para las dos estaciones de bomberos, de donde se desprende parte del título del ensayo.

Daniela Arauco es la autora de la “Casa de Manuel de la Torre: vocación comercial de Barrios Altos”, que está situada en la esquina de la sexta cuadra del jirón Junín con el jirón Ayacucho. Al comenzar, ella realiza un preámbulo en donde cita las conclusiones generales a las que arribó José Correa, cuando elaboró el expediente técnico para la intervención del inmueble en 1988. Luego la investigadora desarrolla los orígenes de la propiedad, indicando a los diferentes dueños que tuvo, hasta alcanzar al terremoto de 1746 que ocasionó la destrucción de lo allí construido, así como la posterior compra del solar remanente por la condesa de Villanueva de Soto. Arauco aporta el gráfico en donde reconstruyelos linderos originales de la propiedad, gracias a la tasación de 1747 que consigna. De ese gráfico se desprende que la casa actual ocupa un área inferior al terreno original. Además de reseñar la sucesión de propietarios hasta 1813, la autora presenta cronológicamente las diversas imágenes que reproducen el aspecto de las fachadas del inmueble, en una continuidad que fue interrumpida en un momento indeterminado, cuando los balcones cerrados o de cajón que caracterizaron a la casa, fueron reemplazados por otros abiertos con balaustradas en el antepecho. A mediados de los años noventa, los balcones cerrados fueron reconstruidos, imitando la probable configuración original de las fachadas de la casa.

Casade Manuel de la Torre. A continuación y luego del edificiode seis niveles, se encuentra la casa Pando y despuésla casa herrería Montes. Al fondo asoman la torre campanario y la cúpula sobre el crucero de la antigua iglesia de Santo Tomás. Imagen: propia, 2019

José Quispe escribe sobre la “casa Pando”, que estuvo próxima a la citada casa de Manuel de la Torre, también en la sexta cuadra del jirón Junín. Quispe desarrolla primero la vocación comercial de la zona donde se ubica el inmueble, para después referirse a la proximidad del río o propiamente canal llamado Huatica, que por lo mismo generaba filtraciones que derivaban en perjuicios para la salud de los vecinos del lugar, a lo que se sumaba la proliferación de gallinazos en las inmediaciones. Con respecto a la casa Pando, el autor señala a los diferentes dueños que se sucedieron en la morada a partir dela segunda mitad del siglo XIX, para finalmente establecer los linderos de la propiedad. Pero desafortunadamente soslaya cualquier alusión a la arquitectura de la edificación, tanto en su organización interna, cuanto en la expresión de su fachada.

El propio José Quispe junto con Milagros Romero desarrollan la propiedad contigua a la casa Pando, en la investigación que titulan “Casa herrería Montes”. Los autores han conseguido rastrear desde 1747, la historia del solar en donde se encuentra la actual edificación, incluyendo la temprana tasación de sus linderos así como los cambios en su [4] régimen de propiedad, hasta llegar al año 1826, cuando las fuentes primarias señalaban la utilización de la vivienda como una herrería, encuadrando así al inmueble dentro del intenso uso comercial de la vía urbana para ese entonces. Tan igual como en la morada anterior, también es lamentable la carencia de algún esbozo de análisis arquitectónico.

A Milagros Romero pertenece la contribución titulada “Quinta de la Caridad. Casa de los condes de Montemar y Monteblanco”. La autora prosigue con la secuencia iniciada en el otro extremo de la cuadra con la citada casa de Manuel de la Torre, completando los antecedentes históricos de los inmuebles de la cuadra 6 del actual jirón Junín. De esta manera, esta parte del libro pareciera continuar la senda trazada hace más de medio siglo por Luis Antonio Eguiguren, cuando escribió su obra Las calles de Lima. La autora hace la precisión que propiamente se trata de dos moradas pertenecientes a un mismo propietario. Así, mientras que una fue la casa principal donde residían los dueños, la otra constituía una quinta donde moraban varios inquilinos. Además de indicar los sucesivos propietarios del inmueble y los linderos del mismo, Romero señala las características constructivas, así como algunos de los elementos arquitectónicos de la edificación. No deja de llamar la atención el error cometido en la fotografía 4 que encabeza el artículo, correspondiente a la plaza Victoria de Ayacucho de alrededor de 1950, probablemente porque el negativo fue revelado incorrectamente en la posición opuesta, como lo demuestran la ubicación de las bóvedas de la antigua iglesia y colegio dominico de Santo Tomás hacia la derecha, cuando en realidad el viejo edificio religioso está a la izquierda.

La quinta de la Caridad en la sexta cuadra del jirón Junín, al fondo y a la izquierda la antigua iglesia de Santo Tomás. Imagen: propia, 2019

Jimmy Tarazona escribe acerca de “El colegio de Santo Tomás, historias de un claustro circular”. El investigador plantea desde un inicio una serie de interrogantes que despiertan el interés por la lectura de su contribución, las mismas que consigue responder sobre la base de la consulta de fuentes secundarias, a excepción de la crónica de Juan Meléndez de 1681. El mayor aporte radica en el recuento de los continuos cambios de uso sufridos porla edificación, luego de haber sido supreso como convento en 1826, pero es importante señalar que lo ocurrido allí y en otras partes de la ciudad a partir de dicho año, constituye una temática que merece ahondarse para obtene rmayores luces de esta etapa de la historia. También es necesario anotar la confusión del autor cuando utiliza la denominación altar, que solo es la mesa donde se oficia misa, porque indiscriminadamente la emplea como sinónimo de retablo [5] y muro testero.[6].

Francisco Valle es el autor del texto sugerentemente titulado “De convalecientes a artistas. Evolución de la Escuela Nacional de Bellas Artes”. Desde hace décadas, una pregunta contantemente formulada entre los estudiosos de la arquitectura virreinal es ¿qué establecimiento virreinal estuvo en el actual local de la Escuela Nacional de Bellas Artes? La respuesta no es sencilla, porque los antecedentes son confusos e incompletos. Sin embargo, el autor asevera que se habría tratado del hospital e iglesia de San Pedro, perteneciente a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, en franco desacuerdo con lo expresado por Rubén Vargas Ugarte, [7] Benigno Uyarra [8] y Antonio San Cristóbal, [9] quienes indicaron que se habría tratado del colegio agustino de San Ildefonso. Por otro lado, los dos planos elaborados por Pedro Nolasco en 1685 [10] designan bajo el nombre de San Pedro, a la edificación situada en la esquina de los actuales jirones Ancash y Andahuaylas. El propio Rubén Vargas Ugarte, cambió después su opinión inicial diciendo: “[…] y la de San Pedro, conocida también como las Recogidas, en donde actualmente se halla la escuela de Bellas Artes.” [11] Valle afirma que es un error pensar que el colegio de San Ildefonso haya ocupado ese mismo lugar, porque él no ha ubicado ninguna información que avale dicha presunción, pero esa circunstancia no es concluyente ni cierra otra posibilidad, porque el universo de las fuentes primarias es inmenso y difícilmente, alguna persona tenga suficiente vida para revisar exhaustivamente todos los repositorios y esclarecer un tema que sigue sin resolver. Para alcanzar nuevos horizontes, es preciso apoyarse sobre lo ya investigado sin desdeñar nada. A continuación y siguiendola metodología de esta parte de la publicación, el autor señala los cambios de propiedad y uso del inmueble, hasta llegar al día de hoy.

Jesús Martínez ha desarrollado “Espacio y patrimonio. El Colegio Real San Felipe y San Marcos”, con la intención de centrarse en la vida cotidiana desplegada en el edificio, así como la relación que mantuvo con la Universidad de San Marcos. Con esos objetivos, el autor se ha valido de las fuentes primarias del archivo histórico de dicha casa de estudios, [6] tan igual como de fuentes secundarias, para reseñar la historia del inmueble y quiénes lo habitaron, así como los cambios sucedidos en él. A pesar de tratarse de un edificio que abarca una enorme extensión y complejidad, las citas acerca de su arquitectura son mínimas, peor todavía la serie de imágenes de la página 101, que están borrosas y no ayudan a entender la problemática. Pese a ello y al terminar, el autor invoca por la urgente puesta en valor del inmueble.

Marlon Gala incluye un tema ajeno al título y al área dela ciudad abordada, conel artículo que titula “Plaza Dos de mayo. Puerta de ingreso a la ciudad.” No logra comprenderse por qué un espacio público fuera de los Barrios Altos y situado en otra zona de Lima, ha sido incluido en la publicación. Se trata de un hecho que no solo confunde y hace parecer descuidada la edición, sino que concluye de la peor manera a la segunda parte del libro. El objeto de estudio es desarrollado a partir de las transformaciones ocurridas en el tiempo, con un cierto énfasis en el área urbana, pero dejando prácticamente de lado a las particulares y únicas características arquitectónicas de los edificios a su alrededor, que configuran uno de los conjuntos más armónicos y mejor logrados de comienzos del siglo XX. Por el contrario, el autor se pierde en generalidades y en detalles irrelevantes, como la votación telefónica televisada que habría decidido el paso a desnivel vehicular de1995.

La tercera y última parte del libro se titula “Utilidad de fuentes históricas”, que ofrece una guía metodológica a los docentes de secundaria, por medio de la cual expliquena los estudiantes la importancia de las fuentes primarias, para que la información consultada, sea recopilada y procesada. Por esa razón, la publicación reproduce a manera de ejemplos, las fichas de los inmuebles elaborados por los propios autores de los artículos que conforman la segunda parte del libro. Complementariamente y no menos importante, es la propuesta de una sesión de aprendizaje para alumnos de secundaria, sobre la base de la ubicación e historia de la casa Pando. No obstante de las dificultades y tropiezos señalados, el balance de la publicación es positivo, más aún en nuestro medio mal informado y con poca atención en la lectura, pendiente tan solo de los medios visuales que requieren de una mínima concentración, que por lo mismo hace olvidarlos al día siguiente. Sin duda se trata de una valiente iniciativa que procura acercar a la población más joven de Lima, ala problemática y el valor de la arquitectura patrimonial.

[1] Juan Bromley, Lasviejas calles de Lima (Lima: Municipalidad Metropolitana de Lima, 2005): 28.
[2] El establecimiento hospitalario junto con una iglesia anexa, estuvieron en la esquina formada por los actuales jirones Ayacucho y Junín, donde ahora se alza el edificio del Congreso.

[3] “La capilla de la Inquisición”, en Arquitectura virreinal de Lima en la primera mitad del siglo XVII, vol. II, capítulo X (Lima: Universidad Nacional de Ingeniería, 2005): 15-29

[5] Figura 4, página 79. Un retablo es un conjunto arquitectónico y escultórico con hornacinas para los santos, que sirve de fondo para el oficio de la misa en el altar.

[6] Página 81, al señalar el mural de Juan Manuel Ugarte Eléspuru. El interior de las iglesias virreinales concluye en el muro de fondo que se denomina testero, porque se considera que dentro de un templo católico está inscrito al cuerpo de Cristo y allí culmina su cabeza o testa.

[7] Historia de la Iglesia en el Perú, vol. III (Burgos: Aldecoa, 1953-1962): 449.

[8] “Colegio de San Ildefonso de Lima”, Revista Peruana de Historia Eclesiástica, vol. I (1989):

[9] 09 “Las pequeñas iglesias”, en Arquitectura virreinal religiosa de Lima, capítulo V (Lima: Universidad Sedes Sapientiae, 2011):308.

[10] Juan Gunther, Planos de Lima 1613-1983 (Lima: Municipalidad Metropolitana de Lima, 1983): planos 4 y 5. El detalle del sector con la edificación del plano 5, es reproducido en la publicación en la página 86.

[11] Itinerario por las iglesias del Perú (Lima: Milla Batres, 1972): 23.

Samuel Amorós,
Arquitecto por la Universidad Ricardo Palma.
Profesor en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Ricardo Palma
https://perupatrimoniocultural.files.wordpress.com/2019/10/rescata-memoria-barrios-altos-lima-1.pdf

http://revistas.urp.edu.pe/index.php/Arquitextos/issue/view/163

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