.@tramacritica ::: El #QUECHUA en la #academia… y el #QUECHUA entre el #estrado y el #mercado. #Virginia_Zavala #Luis_Andrade_Ciudad.

::: El quechua en la academia :::

La sustentación en quechua de la tesis doctoral de Roxana Quispe Collantes en la  Universidad Nacional Mayor de San Marcos el pasado 15 de octubre ha sido un acontecimiento que favorece el desarrollo de las lenguas originarias en el Perú y el empoderamiento de sus hablantes. Si lo situamos en el contexto de la conmemoración del bicentenario de nuestra Independencia, constituye un acto –aunque, sin duda, bastante tardío- que ha intentado mostrar (y desafiar) la subalternización del quechua con el objetivo de legitimar a sus hablantes en espacios públicos, pese a una herencia colonial todavía muy enraizada en la sociedad peruana.

Roxana Quispe Collantes, activista: “El quechua nunca debió perder su lugar”

https://peru21.pe/cultura/roxana-quispe-collantes-activista-el-quechua-nunca-debio-perder-su-lugar-bicentenario-quechua-cusco-noticia/

Realizó sus estudios de pregrado y una maestría en gerencia de la educación en la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco. Posteriormente estudió un doctorado en Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su tesis doctoral titulada « Yawar Para, Kilku Warak’aq, Andrés Alencastre Gutiérrezpa harawin pachapi, Qusqumanta runasimipi harawi t’ikrachisqa, ch’ullanchasqa kayninpi » (2019) sobre la poesía del escritor cusqueño Andrés Alencastre Gutiérrez causó un interés significativo en la academia tanto nacional como internacional, al ser la primera investigación doctoral escrita y sustentada en quechua sureño en esta casa de estudios.

https://es.wikipedia.org/wiki/Roxana_Quispe_Collantes

Me interesa resaltar, sin embargo, que este acto no constituye un hecho aislado: resulta claro que algo está pasando hoy en el Perú con relación al quechua y a muchas otras lenguas originarias. Es impresionante constatar la cantidad de espacios en torno al quechua en las redes sociales y en diferentes tipos de eventos o prácticas culturales. Por ejemplo, el colectivo ‘Quechua para Todos’ enseña cursos de quechua de forma gratuita en muchos lugares de la capital. Hace solo unos meses, asistí a uno de ellos en la Biblioteca Nacional de la avenida Abancay. Se matricularon casi 300 personas y muchas se quedaron sin cupo. La sustentación de Roxana Quispe es solo un ejemplo más de esta nueva dinámica cultural y se suma, entonces, a un movimiento más amplio, que está generando un efecto multiplicador en distintas partes del país. Quiero subrayar, sin embargo, que los más importantes cambios respecto de las ideologías y los usos del quechua provienen, sobre todo, de la sociedad civil y no tanto de las políticas estatales.

Si bien el Estado ha promovido importantes políticas lingüísticas en la última década, éstas han estado focalizadas en el intento por garantizar sólo los derechos lingüísticos de los hablantes maternos del quechua que viven en zonas rurales, desde una lógica en la que el uso de la lengua originaria sólo sirve como un remedio o una compensación mientras que sus hablantes todavía no dominan el castellano. Esta concepción obstaculiza la implementación de políticas lingüísticas en zonas urbanas, o en niveles educativos como la secundaria o la universidad, donde el quechua sigue sin ser atendido a pesar de la cantidad de hablantes que habitan estos espacios.

Aunque hay que valorar iniciativas como el trabajo con funcionarios públicos del Ministerio de Cultura, el programa estatal de TV en quechua “Ñuqanchik” y los programas de educación intercultural bilingüe en zonas rurales, todas ellas continúan focalizándose en ‘incluir’ a los peruanos que aún no hablan castellano y no en difundir el uso del quechua masivamente en el país desde una noción de derecho lingüístico más amplia. Por el contrario, la sustentación de la tesis de Roxana Quispe no revela esta concepción: ahí el quechua se usó como un recurso y no como un problema. El evento, en efecto, ha contribuido al cambio de representaciones y prácticas en torno al quechua, que hoy ya se puede imaginar como una lengua capaz de hablarse en contextos urbanos, públicos y académicos. Ha contribuido a mostrar también que la obsesión histórica por un quechua “puro” resulta artificial y que las interacciones en contextos bilingües siempre se desarrollan con los diversos recursos lingüísticos asociados a las lenguas de los hablantes.

Aunque el quechua también ha sido usado recientemente por congresistas de diversas bancadas, hay una diferencia sustancial con la sustentación de la tesis. Si bien algunos congresistas tienen ahora mucho más licencia para hablar en quechua y ya no son cuestionados como sucedía hace dos décadas (recordemos las frases racistas de Martha Hildebrandt), éstos nunca son genuinamente escuchados por el pleno. Es más, hemos podido conocer la trascripción oficial del debate sobre una sesión de septiembre pasado, donde se muestra que no se transcribió la participación en quechua de tres congresistas, sino que sólo se registró la frase “se expresa en idioma quechua”, revelando que estas intervenciones funcionan como una mera formalidad, casi teatral. Hoy en día se toleran, pero no tienen mayor funcionalidad.

Por el contrario, en la sustentación de la tesis de Roxana Quispe, los miembros del jurado sí se constituyeron como verdaderos interlocutores, aunque no todos manejaran el quechua. De hecho, hablar una lengua requiere de interlocutores que escuchen, reconozcan y confirmen lo que emiten los hablantes. Esto es aún más importante cuando pensamos en la vitalidad de las lenguas originarias y en sus estados de marginación. Recuerdo que una vez en Andahuaylas, un activista del quechua me dijo que cuando él intentaba hablar en esta lengua en la ciudad sentía que no tenía interlocutores. Claramente no se estaba refiriendo a que las personas con las cuales intentaba hablar no supieran el quechua, sino a que éstos no validaban lo que él decía, reaccionando con miradas y gestos deslegitimadores, o con indiferencia en el mejor de los casos. Como señala Byung-Chul Han, “escuchar es lo único que hace que el otro hable”, pues la escucha es lo que finalmente sana, reconcilia y redime.

Un aspecto clave para entender la sustentación de la tesis de Roxana Quispe es que el evento se viralizó a través de las redes, fenómeno nunca antes visto. No sólo fue reportado en múltiples medios nacionales e internacionales, sino que la misma UNMSM le otorgó una cobertura sin precedentes, que incluyó la transmisión en vivo por un canal universitario, mientras de forma simultánea se recibían comentarios de todas partes del mundo, muchísimos de ellos en quechua. Esta cobertura visibilizó una amplísima comunidad de hablantes de la lengua o, por lo menos, de interesados en legitimarla. Hay que subrayar también que dicho evento reveló reacciones aprobatorias por la mayor parte de la población, mostrando que hoy en día parece existir un consenso social sobre el valor positivo que tiene el quechua para el país.

Deberíamos preguntarnos, sin embargo, de qué tipo de consenso estamos hablando y a quién beneficia el uso del quechua en estos ‘nuevos’ espacios. ¿Por qué, entonces,  la prensa casi no advirtió la importante sentencia –emitida en quechua- por parte del tribunal constitucional, que favoreció la recuperación de horas de trabajo de una comerciante en Carhuaz?

Sabemos que en el mundo contemporáneo las lenguas y las culturas se mercantilizan en el contexto de un capitalismo neoliberal que busca generar diferencia y multiculturalismo como recursos potencialmente lucrativos para el marketing. Es esta mercantilización lo que distingue el impacto que tuvo el uso del quechua en la sustentación académica y en la sentencia judicial. El que una de las principales compañías de telefonía (que le debe millones al Estado) se hayan referido de forma positiva a la sustentación es un signo, justamente, de ese tipo de multiculturalismo que celebra la cultura como fetiche pero que, al mismo tiempo, no tiene problemas en aprovecharse de los trabajadores, reducir derechos laborales, engañar a los consumidores y evadir responsabilidades tributarias. Empresas como éstas celebran la “cultura”, pero nunca a los ciudadanos; celebran la “lengua”, pero nunca las necesidades materiales de los hablantes. Empresas como éstas no estarían de acuerdo con políticas lingüísticas en pro de la construcción de un país más justo e igualitario.

Si bien las lenguas subalternizadas pueden aprovecharse de este contexto para adquirir más visibilidad, es urgente reconocer los límites que esto implica. No es suficiente defender la lengua de manera simbólica si continúa la marginación real de sus hablantes. ¿De qué sirve, por ejemplo, que Movistar lance una publicidad en quechua si les sigue pagando un sueldo miserable a hablantes de quechua que trabajan en la empresa? La lucha por las lenguas originarias no puede desligarse de la lucha por la justicia en todos los frentes (como el machismo, el racismo, la explotación laboral o el despojo del territorio), pues el uso de los recursos lingüísticos siempre se intersecta con múltiples formas de desigualdad. No se trata, entonces, de ‘preservar’, ‘mantener’ o ‘rescatar’ lenguas minorizadas a manera de fetiches, sino de transformar las diferentes relaciones de desigualdad en la que se encuentran sus usuarios.

Por todo lo anterior, y aunque reitero que se trató de un acto fundamental, considero que el entusiasmo que desencadenó la sustentación de la tesis estuvo sobredimensionado. Si bien no pongo en duda el gran mérito de Roxana Quispe y de la UNMSM, es importante preguntarnos qué es lo que este entusiasmo está escondiendo en términos de la relación entre las lenguas y la desigualdad. Es importante promover más actos de sustentación como el de Quispe Collantes, pero es más importante enmarcarlos en políticas lingüísticas de educación superior (que impliquen, además, dictar cursos en quechua y no sólo sobre el quechua), donde el uso de las lenguas originarias permita a los hablantes acceder a mayores recursos simbólicos y materiales en la vida universitaria. En el Perú, las políticas lingüísticas –que siempre deben ser parte de la lucha por una ciudadanía igualitaria en todos los niveles de la vida social- todavía tienen un largo camino por recorrer.

El quechua en la academia
Virginia Zavala
07.01.2020

https://tramacritica.pe/debate/2020/01/07/el-quechua-en-la-academia/

::: El quechua entre el estrado y el mercado :::
Luis Andrade Ciudad
25.12.2019

https://tramacritica.pe/debate/2019/12/25/el-quechua-entre-el-estrado-y-el-mercado/

Crédito fotográfico: Andina

Uno de los hechos más difundidos en el año 2019 en relación con el quechua y su presencia pública fue la sustentación de una tesis doctoral escrita y defendida en este idioma en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Titulares de la prensa peruana e internacional resaltaron el acto mediante el cual Roxana Quispe Collantes obtuvo su doctorado en Literatura Peruana y Latinoamericana, con la calificación de excelente, con una tesis sobre la poesía de Andrés Alencastre Gutiérrez, autodenominado Killku Warak’aq. Algunos cuantos ejemplos: “San Marcos: magíster expone su tesis en quechua y obtiene 20 de nota” (agencia Andina, Perú), “El quechua entra con honores en la universidad” (El País, España), “Student in Peru makes history by writing thesis in the Incas’ language” (The Guardian, Reino Unido).

La figura de “hacer historia” en el titular de The Guardian parece algo exagerada, sin embargo. Si bien este acto ha contribuido a mostrar que el quechua puede servir para redactar y defender un trabajo académico del más alto nivel, la sustentación se produce en un contexto en el que no existen universidades ni políticas educativas interculturales orientadas a la educación superior en el Perú. En esa medida, se trata de un acto simbólico, entendiendo el adjetivo no en su acepción habitual, tan desvalorizadora, que encontramos, por ejemplo, en la frase premio simbólico, sino como un calificativo que describe una acción enmarcada en la dimensión de las ideas, los valores y las concepciones sobre los códigos de comunicación y sus usuarios, con todo lo que eso significa.

De este modo, la sustentación nos recuerda, como dijo la tesista, que “al quechua no le falta el vocabulario que se necesita para un discurso académico” (Dan Collyns, “Student in Peru makes history…”, The Guardian, 27 de octubre del 2019), que el estatus de lengua oprimida y minorizada no constituye un destino en un país pluricultural y multilingüe como el Perú, que las lenguas indígenas tienen toda la legitimidad para estar en el estrado de los actos públicos y que, si no parecen tenerla, es solo por razones históricas y políticas, razones que, por definición, pueden ser cuestionadas y revertidas por los hablantes y sus agrupaciones.

Se trata, entonces, de un esfuerzo individual e institucional meritorio: individual porque el trabajo le ha implicado a Quispe Collantes pensar y redactar un problema académico en la lengua indígena, lo cual le ha supuesto enfrentar la incipiente producción de tradiciones discursivas académicas en quechua (es tarea pendiente estudiar cómo lo hizo) y, según ha declarado, viajar a las comunidades altas de Canas, Cuzco, para chequear la adecuación de algunas de sus traducciones al castellano (Perú 21, 15 de octubre del 2019). En el terreno institucional, no es casual que sea la UNMSM, que fue la primera universidad en instituir el quechua como objeto de enseñanza en tiempos coloniales y la que mantiene una activa Cátedra Quechua en su Facultad de Letras y Ciencias Humanas, la entidad educativa que haya brindado el escenario para este evento.

La tesista y la universidad se han sumado, así, a una diversidad de actos individuales, grupales e institucionales que, en los últimos años, se orientan a cuestionar y revertir, en el plano simbólico, la situación de opresión que ha marcado históricamente a las lenguas originarias y sus hablantes. Hablo de iniciativas artísticas individuales, familiares y grupales como crear y difundir hip-hop en quechua, doblar fragmentos de películas y de series televisivas en este idioma y producir películas enteras en la lengua indígena, como es el caso de la premiada Retablo, que, en muchos sentidos (no solo en el lingüístico), es un caso extraordinario de gestión y creación artística. Hablo también de iniciativas estatales valiosas, como la formación de traductores e intérpretes entre las lenguas indígenas y el castellano, así como la certificación de servidores públicos que pueden brindar atención en estos idiomas por parte del Ministerio de Cultura.

Hay que recordar también en este recuento un hecho del año 2018 que ha pasado casi inadvertido en términos periodísticos, pero que tendrá consecuencias no solo simbólicas sino muy concretas en el terreno legal. Se trata de la sentencia que dio el Tribunal Constitucional a favor de María Antonia Díaz Cáceres de Tinoco, una humilde vendedora de mercado que decidió defender su derecho a que las instituciones del Estado se comunicasen con ella en su lengua materna, el quechua ancashino, en una región que, como la provincia de Carhuaz, tiene una importante proporción de hablantes de esta lengua.

Como se recordará, la municipalidad provincial de Carhuaz había notificado por escrito, en castellano, a Díaz de Tinoco, que su habitual horario de venta de helados y frutas en el mercado de esa localidad se restringiría a solo tres horas en la tarde, con lo cual la vendedora perdía, a favor de otra comerciante, las horas de venta de la mañana, que son las más productivas. Mediante su huella digital, Díaz de Tinoco había firmado la notificación sin entender realmente a qué se estaba comprometiendo. Una vez enterada de ello, inició, con la ayuda del abogado Yehude Collas, una larga peregrinación que incluyó las salas del Juzgado Mixto de Carhuaz y la Corte Superior de Justicia de Áncash, para finalmente alcanzar el Tribunal Constitucional.

Este tribunal, la máxima instancia en el terreno de la interpretación y control de la constitucionalidad, consideró que, en este caso, se habían vulnerado los derechos fundamentales a la igualdad, a la libertad de trabajo, al uso del propio idioma ante cualquier autoridad y al uso oficial, por parte del Estado, de la lengua predominante en la zona pertinente. La sentencia no solo ordenó anular la decisión, sino que comprometió al municipio y a todas las entidades públicas en Carhuaz a utilizar el quechua en sus comunicaciones oficiales con los hablantes de este idioma. Era la primera vez que se judicializaban los derechos lingüísticos en el Perú y era una humilde vendedora de mercado quien lo había motivado.

La figura de “hacer historia” se justificaría plenamente, esta vez sí, para calificar el caso. La decisión del Tribunal Constitucional ante la acción tenaz de Díaz de Tinoco y de su abogado tiene consecuencias jurídicas que trascienden lo simbólico, al sentar un precedente del más alto nivel para la comunicación que establecerán en el futuro las entidades del Estado con los ciudadanos y ciudadanas residentes en las diferentes zonas con predominio de lenguas indígenas en el Perú.

Cabría preguntarse, entonces, por qué la sustentación de la tesis sanmarquina ha sido más difundida que este hecho en los medios de prensa nacionales e internacionales. Tal vez el carácter letrado del primer evento y la naturaleza mundana del segundo, con todos los prejuicios y diferentes valoraciones que existen en torno a la academia y el mercado, y sobre todo en torno a sus actores, hayan jugado un papel en este contraste. La lejanía de Carhuaz respecto de Lima, en un país tan centralista como el Perú, también debe de haber hecho lo suyo.

En cualquier caso, es un buen momento para recordar la importancia de luchar por mejorar el estatus de las lenguas originarias desde distintos frentes: el estatal, el judicial, el artístico y también, por supuesto, el académico. Con los expectantes resultados censales del 2017 sobre la cantidad de hablantes de quechua y sobre la proporción de peruanos y peruanas autoidentificadas étnicamente como quechuas, cabría esperar para el 2020 una profundización de las acciones desarrolladas por los individuos, las agrupaciones de activistas, las instituciones y el Estado a favor de esta lengua originaria, la más difundida en el Perú y América del Sur.

Lenguas, doctrina y escuela en un asiento minero norandino
del siglo XVII


Luis Andrade Ciudad
https://tinyurl.com/2p8ntd3c

El quechua entre el estrado y el mercado
Luis Andrade Ciudad
25.12.2019

https://tramacritica.pe/debate/2019/12/25/el-quechua-entre-el-estrado-y-el-mercado/

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