.@OAS_official ::: Dos #pintores: #Gastón_GARREAUD, [1934-2005]… y #Fernando_VEGA [1932-1965] en #trecemonos ::: « El espejo: amar una #GEOMETRÍA_del_CIELO ». #Perú.

#Construcción_geométrica núm. de #Gastón_Garreaud. 80 es parte de la #fase_geométrica o de #borde_duro del #artista, que data de finales de la década de 1970 hasta finales de la década de 1980. Durante esta década, Garreaud (junto con otros artistas peruanos como #Benjamín_Moncloa

… y #Jorge_Eduardo_Eielson)

exploró los elementos geométricos, la iconografía y el tratamiento de los materiales textiles de las antiguas culturas peruanas. Aquí el artista presenta una estructura angular y simétrica que logra un volumen horizontal a través de un soporte subyacente sobre el cual estira el lienzo y luego lo pinta en tonos tierra apagados. La combinación de racionalismo geométrico y sensibilidad precolombina en el uso de la tela por parte de Garreaud, que añadía volumen y forma a sus pinturas, y elementos pictóricos evidencia la fuerte influencia que tuvo su exploración de estas antiguas tradiciones en sus pinturas y esculturas de esta fase. 

Pero también refleja una conciencia de lo que era a finales de la década de 1980 una larga tradición de alterar la configuración normalmente plana y rectangular del lienzo. Los lienzos con formas fueron introducidos por el artista nacido en Uruguay y residente en Buenos Aires Rhod Rothfuss en sus pinturas marco irregulares de principios de la década de 1940. La tendencia despegó alrededor de 1960 cuando varios artistas importantes de Milán (Agostino Bonalumi, Paolo Scheggi, Enrico Castellani), Nueva York (Frank Stella, Kenneth Noland, Richard Tuttle) y América Latina (Zilia Sánchez, Lygia Clark, Hélio Oiticica) lo abrazó. 

Para cuando Garreaud inició la serie que incluye Construcción geométrica no. 80, lienzos tridimensionales similares, también llamados pittura oggetto (o pintura de objetos), como Gillo Dorfles calificó esta línea de trabajo, fueron ampliamente reconocidos por su capacidad intrínseca para desafiar cuestiones de estructura, materia y percepción del espectador. Gastón Garreaud nació en Lima, Perú en el seno de una familia burguesa de ascendencia francesa. 

En 1955, los padres de Garreaud lo enviaron a Italia para obtener una licenciatura en arquitectura. Sin embargo, en su largo viaje en barco a Europa, conoció a un hombre que no hacía más que pintar y quedó intrigado con el medio. Al llegar a Roma, Garreaud eligió la dirección de la pintura y el dibujo en lugar de la arquitectura. Junto a muchos otros artistas afincados en Roma, vendió sus dibujos y pinturas en la Piazza del Popolo, lo que le ayudó a mantenerse y pagar las lecciones de aviación, otro de sus intereses en ese momento. Garreaud tuvo su primera exposición individual en Roma en la Galleria L’Universale en 1956, mostrando pinturas figurativas y paisajes urbanos. Después de tres años y medio en Italia, el artista se mudó a París por un año antes de regresar a Lima en 1960.

En las décadas de 1960 y 1970, el trabajo de Garreaud dio un giro hacia la abstracción geométrica, que se inspiró, en gran parte, en la geometría formas, líneas limpias y tridimensionalidad de los artefactos precolombinos. En 1966 la Galería de Arte Corcoran en Washington, DC se interesó en esta línea de trabajo e invitó a Garreaud a participar en una exposición colectiva de 1966 de arte peruano contemporáneo. Profundizando también en los collages y los textiles, se decía que la personalidad artística de Garreaud se dividía entre el inventor y el artista; dos caras que influyeron y contribuyeron a su producción de fabricaciones de técnica mixta. Como reflejo de sus intereses paralelos en el arte y la aviación, en la década de 1980 produjo una serie de obras que evocaban la medición del volumen en términos de vistas arquitectónicas aéreas, con influencias de la cultura nativa Chancay de Perú.

GASTÓN GARREAUD
1934-2005 PERÚ
MUSEO DE ARTE DE LAS AMÉRICAS, NW Washington, DC.
20006

http://www.oas.org/artsoftheamericas/gaston-garreaud#

El espejo: amar una geometría del cielo.
31 de mayo, 2011

https://trecemonos.blogspot.com/2011/05/el-espejo-amar-una-geometria-del-cielo.html

¿Cómo llegar a ese lugar que el ojo apenas imagina? Cada cultura ha vivido, de manera diferente, su propia historia de los cielos. Una historia cuyos fenómenos, de día o de noche, se remiten a una realidad percibida. Así, en la época antigua, en los Andes peruanos, dicha historia produjo una experiencia que, solo desde hace pocos años, interesa a los investigadores. Ya que en nuestra antigüedad no hubo escritura en el sentido « occidental » del término sino soportes de memoria cuya organización de la información resulta compleja, quizá intentar la vía geométrica para encontrar algún patrón en la formación de las figuras, se esté convirtiendo, poco a poco, en una vía menos especulativa y más ajustada a las circunstancias.   

Los primeros en especular, fueron algunos pintores modernos que, al participar del canon abstracto en la década de 1950, quisieron otorgarle un sentido local a las imágenes geométricas. Estas pinturas evocaban el orden geométrico de algunos textiles y esperan por algún estudio que las agrupe y las evalúe. Al respecto no hay ninguna claridad. Un caso distinto pero interesante: Juan Acha quien, recién en 1958, comenzó a hacer crítica de arte en el espacio público de Lima, nunca ocultó su preferencia por la abstracción geométrica.

Juan Acha

Dicho interés había surgido en la primera mitad de la década de 1950: su amistad con Ricardo Grau y los hermanos Max y Herman Braun, lo hace participar, junto con Leslie Lee, en un grupo que discutía ideas neoplasticistas. Dichas ideas, alejadas de todo individualismo gestual y básicamente especulativas, otorgan una autoridad divina y espiritual al uso de la geometría.

Max Braun (Fernando Vega)

Lo curioso de todo esto es que, para 1958, las pinturas del ya desaparecido Max Braun (Fernando Vega) exhibían, en el Art Center de Miraflores, un resultado visual que podría calificarse, hasta cierto punto, de ritual y gestualista. Acha nos dice algo confundido: « En los óleos de Vega hay aquella espiritualidad que Mondrian llamaba lo divino, y que, si bien sentimos su dramatismo, es indescriptible su presencia ».  

Habría que esperar hasta 1964 para ver, tras el paso de Josef Albers por Lima, la aparición de un solitario Gastón Garreaud (1934-2005) quien asumiría la abstracción geométrica y, al mismo tiempo, la evocación de las culturas de la América antigua de los Andes. El trabajo en soledad de Garreaud, que imagina geometrías distintas, a la manera de variaciones locales de Homenaje al cuadrado de Albers, es una historia que nos acompaña, durante la década de 1970. Solo Mirko Lauer en reiterados textos de crítica, aunque le exige una mayor radicalidad, también le celebra su inteligencia visual. La complacencia de Garreaud en los resultados materiales, parece pensar el crítico, nos remite a su « buen » oficio y a una factura exquisita. Más aún, dicha materialidad se traslada, sin más, a las galerías limeñas. Pero, ¿Por qué Acha, que ama la geometría del cielo, no es capaz de apreciar, como Lauer, la geometría de Garreaud? ¿No será acaso que, en realidad, solo está buscando la racionalidad de Albers, es decir, una forma del purismo, una que solo podrá encontrar en la existencia de las proporciones perfectas y en la coherencia de un sujeto que la enuncie (uno cuya característica principal sea la de mostrarse siempre cerebral y poco sentimental)?¿No será que Acha se pierde y desorienta en la exhuberante subjetividad criolla de Garreaud, tan sentimental como contradictoria?  

El infinito se predica del cielo, del mar y del desierto. La desmesura de una subjetividad que se aproxime a estos espacios sin límite fijo define una errancia cuya temeridad ilumina el punto de vista del viajero. Garreaud sueña con llegar a la Luna, con crear un avión que funcione con energía termo-nuclear, con oponer a la Guerra Fría (todavía existente en la de década de 1980) una imaginación estética desbordada por la poesía y por el arte. Con sus proyectos, Garreaud apunta hacia una dimensión de lo estético que es conceptual, pero su anclaje criollo, la de un limeño sentimental, un artista que escenifica en las tertulias de café el hecho tangible de dibujar madonas para sus amigos, lo coloca quizá en otro predicamento. De una manera muy limeña el Garreaud torero se opone al Garreaud geómetra. La desmesura de uno es el límite del otro. 

[Fotografías del cielo: archivo visual de Francesca Maffetti, Lima, Perú, 2010-2011. La última foto, en la que se ve, en pleno vuelo, una bota de Garreaud, pertenece a la familia del artista. Es una foto interesante que este hizo durante su acción de volver a recorrer, en 1985 y luego de 75 años, el mismo trayecto de Jorge Chávez. En 1910, Jorge Chávez se convirtió en héroe civil al cruzar los Alpes en un avión monomotor, la frontera entre Suiza e Italia. Ningún ser humano, montado sobre un aparato, lo había logrado en esa época. Aquí Garreaud está a punto de aterrizar en territorio italiano. Finalmente, la imagen de la pintura de Max Braun está tomada del archivo del Art Center y corresponde a una obra premiada en Estados Unidos, en 1957.].

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