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Publican por primera vez #grabaciones del #extinto_idioma #mochica | #AUDIO_CULTURA_MOCHICA.
A la llegada de los #españoles al #Perú, la #lengua_mochica era, después del #quechua y junto con el #aimara y el también ya extinto #puquina, una de las #lenguas de #mayor_importancia de #Sudamérica.

80 años después de la extinción de la lengua mochica, por primera vez se han publicado grabaciones del idioma del pueblo mochica. Fueron elaboradas en el año 1974 y han conservado la pronunciación del mochica de la boca de Simón Quesquén, quien fue el último hablante del idioma, habiéndolo aprendido de su abuela en la villa de Eten en los años 30 del siglo pasado. Estas grabaciones ya son accesibles para todos los interesados en ellas.

A la llegada de los españoles al Perú, la lengua mochica era, después del quechua y junto con el aimara y el también ya extinto puquina, una de las lenguas de mayor importancia de Sudamérica. Fue hablada en lo que hoy es el departamento de Lambayeque y la parte norte del departamento de La Libertad. En ese espacio seguía vigente en el siglo XVII, comenzando a decaer en el siglo XVIII, hasta que, a fines del siglo XIX, sobrevivía tan solo en la villa de Eten. Ahí, en su último refugio, llegaron muchos investigadores para estudiarlo antes de que se extinga completamente entre 1930 y 1940. Uno de estos estudiosos fue Hans Heinrich Brüning, quien incluso realizó grabaciones en 1910, pero estas lamentablemente se han perdido. Por lo tanto, desde hace 80 años ya nadie ha podido escuchar el mochica de la boca de uno de sus hablantes.

Sin embargo, en el Eten de los años 30, se dio un intento singular de preservar el idioma. La Sra. Manuela Nuntón decidió enseñar a sus nietos – quienes integraron una banda infantil – la pronunciación del mochica junto con la música tradicional, y Simón Quesquén (ver foto), el más interesado en el aprendizaje, de esta manera se convirtió en el último mochichablante.

« La Lira Infantil Quesquén » en 1930. A la izquierda Rafael Quesquén; Simón Quesquén es señalado por la flecha (Foto: Anónimo en Revista Mundial, 13.06.1930, Nº 521).

Extensión del mochica en 1643 según Carrera (1939 [1644]) (mapa: elaboración propia).

En 1974 él accedió al pedido del historiador Dr. Américo Herrera de realizar sesiones de grabación con un magnetofón para conservar sus conocimientos para la posterioridad.

El material, no obstante, casi cayó en el olvido, hasta que el Dr. Herrera y el investigador alemán Stefan Ziemendorff juntaron esfuerzos el año 2000 y decidieron encargar la limpieza, recuperación y digitalización de las cintas ya antiguas a un estudio de sonido profesional.

De esta forma el material grabado pudo ser analizado, años después, por la lingüista alemana Michaela Ziemendorff, quien confirmó que este, de hecho, es de gran interés científico y seguramente contribuirá al análisis de la fase terminal del idioma mochica, especialmente en cuanto a la pronunciación.

Es por ello que ahora, a través del prestigioso Instituto Ibero-Americano de Berlín, se han publicado por primera vez estas grabaciones junto con un análisis histórico y lingüístico que pone el material grabado en su debido contexto.

Las grabaciones, de una hora de duración, pueden ser consultadas libremente siguiendo el enlace

Fuente:
https://www.huachos.com/detalle/publican-por-primera-vez-grabaciones-del-extinto-idioma-mochica-audio-noticia-9810

Resumen
El artículo presenta grabaciones hasta ahora inéditas del extinto idioma mochica por boca del último conocedor del idioma, Simón Quesquén. Para contextualizarlas, se indican los antecedentes de otras grabaciones del mismo idioma, todas perdidas o sin publicar. También se detallan las circunstancias en las cuales Quesquén adquirió sus conocimientos de la pronunciación del mochica, así como los antecedentes de las ya publicadas listas de vocabulario de la familia Quesquén. Pasando a las grabaciones en sí, se explican las condiciones bajo las cuales se realizaron, y se describen su estructura y contenido. Finalmente, se lleva a cabo un análisis lingüístico de una muestra de palabras de las grabaciones cotejándolas con otras fuentes relacionadas, a fin de arribar a conclusiones preliminares sobre el aporte del nuevo material a la discusión sobre la pronunciación del mochica.

Palabras clave
antropología lingüística, idioma extinto, Mochica, fonética, grabaciones,
Quesquén, Eten, Perú, siglo XX.

Abstract
For the first time in history, this article presents recordings of the extinct Mochica language as uttered by its last speaker, Simón Quesquén. It places these recordings in the context of previously unpublished or lost recordings of the same language. It also relates the circumstances in which Quesquén acquired his knowledge of Mochica pronunciation and provides further detail about the vocabulary of the Quesquén family published earlier. The conditions under which the recordings were made are explained prior to a presentation of their structure and content. Finally, it includes a linguistic analysis of a sample of the recorded words in a comparative approach using other related sources to arrive at preliminary conclusions about the contribution this new material makes to the discussion of the pronunciation of the Mochica language.

Keywords
linguistic anthropology, extinct language, Mochica, phonetics, recordings,
Quesquén, Eten, Peru, 20th century.

#Américo_Herrera_Calderón (†) Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, #Perú
#Michaela_Ziemendorff mziemendorff@gmail.com Universität Bonn, #Alemania
#Stefan_Ziemendorff sziemendorff@gmail.com #Perú

Primera parte: antecedentes y contexto del material presentado

Preámbulo

El mochica, antiguamente el idioma con evidencia más importante de la costa norte del Perú, se extinguió en las primeras décadas del siglo XX, período en que fue estudiado entre otros por el polifacético investigador alemán Hans Heinrich Brüning (1848-1928) en Eten (Departamento de Lambayeque). En el marco de sus estudios Brüning realizó en 1910 unas grabaciones del mochica que lamentablemente se extravieron antes de ser analizadas, por lo cual persisten dudas acerca de la pronunciación del idioma en tiempos de Brüning. Esperamos que las grabaciones del mochica publicadas en el marco de este artículo puedan subsanar parcialmente esa carencia. En este nos planteamos dos objetivos: presentar el contexto y las características generales de las grabaciones, y realizar una primera evaluación del valor y potencial de las grabaciones que justifiquen su publicación. Si bien las grabaciones no nos habilitan a sacar conclusiones sobre la fonética del mochica, alentamos la certeza de que serán un valioso material concurrente en esa tarea.

Figura 1.
Figura 1.

Anotaciones de Brüning en su diario: “N° 8 – 11: Diálogos en el idioma de Eten, grabados en Eten el 3 de mayo de 1910. Es muy difícil inducir a las personas a hablar en el aparato, y solamente cuando se encuentran en un estado medio ebrio puedo motivarlas a hacerlo. Es imposible prepararlas para la grabación. Cuando uno quiere grabar diálogos, siempre debería contar con dos bocinas captoras. N° 8) Isidora Isique y Ventura Nuntón” (Schaedel 1988: 124, traducción propia).

Las grabaciones fueron obtenidas como se relata a continuación:

A fines de 1999, la Municipalidad de Chiclayo solicitó al Programa de Agua Potable y Alcantarillado de la Cooperación Alemana, su apoyo en la implementación de una muestra de las fotografías de Brüning. Ello se justificó en que la sede del Programa era Chiclayo, capital del Departamento de Lambayeque y justamente el lugar donde Brüning había realizado la mayoría de sus investigaciones. Dado que la realización de una exposición fotográfica no tiene cabida en un programa de agua, el jefe del mismo encomendó la coordinación de dicha muestra a uno de los co-autores del presente artículo (S. Ziemendorff), entonces practicante en el programa. Gracias al apoyo de muchas personas e instituciones, entre ellas el Instituto Nacional de Cultura (INC) de Lambayeque y el Museo Antropológico de Hamburgo –donde se conservan la mayoría de las fotografías originales de Brüning–, así como a un cofinanciamiento de la Municipalidad de Bordesholm, lugar de nacimiento de Brüning, se logró implementar una variada exposición bajo el título Brüning y los Mochicas.

En el marco de la organización de la misma, se conocieron dos de los co-autores del presente artículo: el Dr. Américo Herrera Calderón, entonces director del Instituto Nacional de Cultura (INC), y Stefan Ziemendorff. Herrera Calderón confió a Ziemendorff que estaba en posesión de unas cintas magnéticas que contenían grabaciones del extinto idioma mochica. Las grabaciones las había hecho él mismo muchos años antes, a la última persona que aún sabía pronunciar palabras y frases sueltas: el señor Simón Quesquén.

Considerando que las únicas otras grabaciones del idioma, realizadas por Brüning, se han extraviado –circunstancia recién confirmada justamente a fines de los años 1990–, nos dimos cuenta de la importancia de este material singular. Procuramos entonces que fuera limpiado y digitalizado en un estudio de sonidos en Lima, con el fin de salvar su contenido para el caso de que las grabaciones sufrieran algún desperfecto. En 2005 Herrera Calderón y Ziemendorff formularon apuntes sobre las circunstancias en las cuales se habían producido las grabaciones, apuntando a una publicación de dicho material, la cual por diferentes motivos finalmente no se realizó. Tras haber tomado conocimiento del fallecimiento del Dr. Herrera Calderón en 2014 y más de cuatro décadas después de hecho el registro, tras realizar una primera evaluación de su valor lingüístico, hemos decidido culminar el trabajo iniciado y poner el material a disposición de la comunidad científica.

Antecedentes de grabaciones del mochica

Las grabaciones de Hans Heinrich Brüning en Eten (1910)

No cabe duda de la existencia en el pasado de otras grabaciones, las realizadas por Brüning en cilindros de fonógrafo, cuyos surcos tenían una duración de dos minutos cada uno. El mismo Brüning anotó en su diario que el día 3 de mayo de 1910 grabó tres diálogos en “el idioma de Eten” (Figura 1). La información la confirma el testimonio de Juan Mejía Baca, quien recordaba haber escuchado dichas grabaciones en la casa de Brüning a sus 8 años de edad, es decir en 1920 (Mejía Baca 1989 [1922-1923]: VI).

También se sabe que ese mismo año 1910 y residiendo en Eten, Brüning realizó grabaciones musicales. Casualmente existe una pieza musical, titulada Serranita, grabada el día posterior a las antedichas grabaciones del idioma (Yep 2003: 67). Junto con instrumentos musicales y fotos, Brüning envió las grabaciones musicales de 1910 y 1911 al etnomusicólogo Erich von Hornbostel del Archivo Fonográfico de Berlín, como consta en una carta de Hornbostel a Brüning (Schaedel 1988: 217).

Del envío de las grabaciones musicales Mejía Baca infiere que también las grabaciones del mochica habrían sido enviadas a Berlín, de donde habrían sido extraídas y más tarde devueltas por los soviéticos tras la segunda guerra mundial, sin que hasta la fecha hayan sido ubicadas (Mejía Baca 1989 [1922-1923]: VI; Cerrón-Palomino, 1995: 55). También Walter Alva menciona estas grabaciones, con referencia a la posibilidad de que se hayan perdido durante la segunda guerra mundial (Alva Alva 1987: 70).

Entre 1976 y 1979, el etnólogo estadounidense Schaedel (1990: 37), estudió el archivo Brüning en el Museo Antropológico de Hamburgo y encontró anotaciones de Brüning sobre las grabaciones. Schaedel logró entonces hacer una copia de los cilindros ubicados en Berlín, los cuales sin embargo sólo contenían las grabaciones musicales de Brüning. Se trata de 21 cilindros con grabaciones exclusivamente musicales, conteniendo los registros arriba mencionados junto con otros que Brüning realizó entre 1923 y 1925. Esas grabaciones musicales fueron publicadas en 2003 (Ziegler 2003).

Por todo ello cabe asumir que las grabaciones de lengua mochica nunca llegaron a Berlín. Es lo que se desprende también del hecho de que von Hornbostel, en 1912, confirmara la recepción de una parte de las grabaciones musicales pero no mencionara las grabaciones del idioma (Schaedel 1988: 217). Lo mismo se concluye del hecho de que en 1920 Mejía Baca todavía las haya podido escuchar en casa de Brüning en Chiclayo, así como también de la sobrevivencia de las grabaciones de música mochica en Berlín sin que haya allí rastro alguno de las grabaciones de la lengua mochica. Tampoco hay indicios de que las grabaciones se hallen en Hamburgo, donde tanto Schaedel (1990: 37) como Alva (Alva Alva 1987: 70) las buscaron infructuosamente. El hecho de que Alva, en tanto director del Museo Brüning, haya intentado localizar las grabaciones en Alemania, significa que tampoco las había encontrado en Lambayeque. Considerando que los museos de Berlín, Hamburgo y Lambayeque son las tres únicas instituciones que se reparten el legado de Brüning, deberíamos dar las grabaciones por perdidas. También lo ve así Bernd Schmelz, experto de las colecciones de Brüning en Hamburgo (Schmelz 2003: 30).

En consecuencia, las únicas grabaciones acústicas existentes del mochica son las aquí presentadas.

Las grabaciones tomadas a Julio Rivadeneyra por Américo Herrera Calderón (1974)

Debemos sin embargo consignar que aparte de las aquí presentadas, existen unas grabaciones que el mismo Herrera Calderón realizó en ese año de 1974, en tres sesiones de una duración total de 50 minutos. Herrera Calderón grabó entonces a Julio Rivadeneyra. Este declaró haber aprendido algunas expresiones mochicas entre sus 3 y 10 años de edad en Chiclayo, de boca de su niñera, nativa de Eten. Ello habría sido hacia el año 1910, es decir mientras Brüning estudiaba el mochica en Eten.

Una primera evaluación hecha en el momento de la grabación nos llevó a la conclusión de que los más de 60 años transcurridos desde su aprendizaje del mochica hasta el registro de sus palabras, así como el hecho de que Rivadeneyra hubiese aprendido en ese intervalo la lengua quechua en la sierra sur del Perú, habían afectado sus manifestaciones supuestamente mochicas en una medida tal, que resultaba difícil determinar si tenían todavía alguna importancia para la investigación.

Esta primera impresión fue confirmada por una revisión cuidadosa del material. Al cotejar con las fuentes disponibles (Salas García 2002 y Brüning 2004 [1924]) las palabras supuestamente mochicas empleadas por Rivadeneyra en las grabaciones, se advierte que en su mayoría no son mochicas (solo 6 de 36 palabras identificables). En el uso de las pocas palabras efectivamente mochicas que registra (‘mujer’, ‘sol’, ‘luna’, ‘gato’, ‘ave’ y ‘pescado’, en su traducción castellana), se advierten evidentes interferencias. Además esas grabaciones contienen fantasiosas teorías sobre el origen de la toponimia lambayecana. Por todo ello concluimos que el material carece de valor lingüístico y desistimos de darlo a conocer aquí.

Importancia y extensión geográfica del mochica

Las grabaciones aquí presentadas pertenecen a uno de los idiomas más importantes del Perú prehispánico: el mochica. Gracias a los datos precisos proporcionados por el cura mochicahablante Fernando de la Carrera (Carrera 1939 [1644]: 7-9) y a estudios posteriores (Torero 1986Cerrón-Palomino 1995: 23-33), es posible delimitar el área en la cual se hablaba el mochica a inicios de la colonia. Esta comprende, por una parte, el actual Departamento de Lambayeque, excluyendo la zona quechuahablante de la sierra así como Olmos, en el norte del departamento, donde se hablaba una lengua emparentada tanto con el mochica como con la lengua de Sechura. El área abarca además el norte del actual Departamento de La Libertad: las provincias de Chepén y Pacasmayo y la provincia de Ascope, en el valle de Chicama. Esta última parece haber sido una zona de superposición lingüística entre el idioma mochica y el quingnam, lengua sobre la que se sabe bastante poco. Además de esta, la zona originaria del mochica, en tiempos de Carrera también persistían islas lingüísticas mochicas en las serranías de Piura y de Cajamarca (Figura 2).

El padre Carrera estima el número de mochicahablantes en su tiempo (1643) en más de 40 000 (Carrera 1939 [1644]: 9), lo cual, si se considera el colapso demográfico de los primeros 100 años de la colonia, habilita a inferir que la población de mochicahablantes al momento de la llegada de Pizarro ascendería a un número entre el medio millón y el millón de personas. Ello significa que a inicios de la conquista, la hoy extinta lengua mochica era, después del quechua y junto con el aimara y el también extinto puquina, una de las lenguas de mayor importancia del Tahuantinsuyo.Figura 2.
Figura 2.

Extensión del mochica en 1643 según Carrera (1939[1644]) (mapa:elaboración propia)

La extinción del mochica

El mochica se siguió hablando en ese territorio tan extenso durante mucho más de un siglo después de la conquista española e incluso a mediados del siglo XVII se convirtió en vehículo de la evangelización. Sin embargo, los efectos de la castellanización, mucho más fuertes en la costa que en la sierra y la selva durante el virreinato, tampoco dejaron de sentirse posteriormente. Así, el viajero inglés Stevenson escribe que en 1811 ya no se comprendía el idioma mochica más allá de los límites de la Villa Eten (Stevenson 1825: 187).

En 1846 el botánico inglés Richard Spruce recoge 38 palabras que en su opinión pertenecían a la lengua sec, hablada en Colán, Sechura, Catacaos, Eten y Mórrope (Buchwald 1918: 5). Si bien su lista presenta varias inconsistencias –este idioma no se hablaba en Eten y Mórrope y el documento presenta muchas voces en quechua–, debemos asumir que las palabras indígenas encontradas por Spruce en Mórrope (y por supuesto en Eten) que le sugirieron que allí se usaba el idioma sec, eran en realidad vestigios del mochica.

En 1875, el etnólogo alemán Adolf Bastian se entera de que el último anciano de Monsefú que entendía mochica había muerto recién unos 20 años antes (Bastian 1878: 168). Ernst W. Middendorf confirma este dato en 1887, relatando que le informaron en el mismo Monsefú que el mochica ya no se hablaba en esta ciudad desde hacía muchos años (Middendorf 1894: 411). Sin embargo, ya bien entrado el siglo XX, tanto Rafael Larco Hoyle en 1936 (Larco Hoyle 1939: 77) como Jorge Zevallos en 1940 logran recopilar en Monsefú, aunque aisladas, una serie de palabras mochicas de los últimos dos hablantes, señores de 70 y 72 años de edad respectivamente (Zevallos Quiñones 1941: 377). De ello puede concluirse que Monsefú fue el penúltimo sitio donde se extinguió el mochica, conocido después por ese motivo como ‘lengua de Eten’, por haber sido Eten el último refugio de este idioma.

En Eten el proceso de reemplazo del mochica por el castellano recién comenzó en el siglo XIX, aparentemente acelerado por la construcción del ferrocarril (1874) y el concomitante asentamiento de forasteros. En 1887, Middendorf constata que

[l]os jóvenes comienzan a avergonzarse de su idioma, frente a foráneos sólo usan el castellano, usando su propio idioma solamente entre ellos y mezclándolo con cada vez más términos castellanos. Esto es el principio del fin. En pocos años, el idioma también desaparecerá en Eten (Middendorf 1892: 45, traducción propia).

Algo más de 20 años después, Brüning pudo confirmar las prevenciones sobre la rápida desaparición del mochica en Eten:

El idioma en referencia, actualmente ya no es hablado en Eten: todos los habitantes de esta villa se sirven del castellano en sus conversaciones. Las personas que entienden todavía el idioma antiguo, no lo aprendieron en su juventud como idioma exclusivo, el castellano era ya dominante. Las personas a quienes me refiero, aprendieron el idioma antiguo de sus padres o abuelos y una vez muertos éstos, los hijos no siguieron hablándolo. Según he podido entender, hace como veinte o treinta años, que el antiguo idioma ha dejado de ser medio de comunicación (Schaedel 1988: 131).

El etnólogo alemán Walter Lehmann, en su breve paso por Eten, identifica todavía en 1929 a algunas personas con conocimientos del mochica, aunque de sus cinco informantes solamente una anciana de más de 80 años de edad presenta un dominio fluido del idioma, tratándose de la misma Isidora Isique ya entrevistada 19 años antes por Brüning (Schumacher de Peña 1991: 1).

En resumen: el idioma mochica, aún en uso en un territorio extenso a mediados del siglo XVII, se extinguía prácticamente hacia el final de la época colonial. Las excepciones fueron Monsefú, donde habría desaparecido hacia la mitad del siglo XIX, y Eten, donde se mantuvo vigente hasta bien entrado el siglo XX, usado por personas ancianas aunque con un vocabulario cada vez más restringido.

La familia Quesquén: un intento autóctono de conservar el mochica

Justamente en los momentos en que el mochica ya estaba languideciendo en Eten, es decir entre 1920 y 1930, se registra el solitario esfuerzo de una familia etenana por preservar el idioma. Nos referimos a los Quesquén. Para esta familia de músicos no rige aquella sentencia de Brüning –él vivió cuatro años en Eten para estudiar el idioma mochica–, según la cual “[p]or la clase de sociedad que a sí misma se considera culta, el idioma de sus antecesores es ridiculizado y despreciado como costumbre añeja […]” (Schaedel 1988: 131).

El gran aprecio de la familia Quesquén por la propia cultura incluía el cultivo del idioma mochica y surgía de su actividad como difusores de la música local vernácula a lo largo de varias generaciones. Rafael Quesquén Nuntón (*1883), profesor de música y compositor cuyas obras hasta el día de hoy son conocidas en Eten, formó una lira infantil con sus hijos, la que participó en varios certámenes musicales a nivel nacional (Figura 3). Rafael había recibido de sus padres algunos conocimientos del mochica e incluso hizo algunas composiciones en este idioma, hoy perdidas. Cuando advirtió la importancia de la preservación del mochica, anotó una serie de términos que le habían enseñado sus padres y abuelos. Ello habría ocurrido, según su hijo Simón Quesquén, alrededor del año 1880 (Grabación 4: 00’12). Sin embargo, creemos que ello debe haber ocurrido en una fecha considerablemente posterior a ese año, pues Rafael Quesquén en esa década recién había nacido. Rafael también dispuso que su madre Manuela Nuntón (1860-1947) enseñara el mochica a sus hijos todos los fines de semana. Nuntón resultó ser particularmente exigente con el rendimiento de sus nietos en las clases de mochica, y cuando ellos no recordaban una palabra o la pronunciaban mal, solía castigarlos con una vara de membrillo. Por otro lado, debe señalarse que Nuntón no enseñó el idioma a sus nietos de manera sistemática, sino se limitó a transmitirles palabras sueltas y frases cortas, sin jamás impartir conocimientos gramaticales. Las listas de palabras recogidas por Rafael Quesquén quedaron más tarde en poder de uno de sus hijos, Simón Quesquén Guillermo, nacido en Eten en 1918 y fallecido en 1995 en Trujillo. Debido a que cuidaba estas listas como un tesoro y recordaba la pronunciación que le había enseñado su abuela, él se convirtió en el último mochicahablante, en el sentido de que probablemente él haya sido la última persona que supo pronunciarlo correctamente.

En 2016, los autores del presente artículo supieron que dos hermanos menores de Simón Quesquén todavía estaban vivos: Blanca (*1924, la niña en la foto de la Figura 3) y Marcelo (*1926, no figura en la foto). Logramos ubicar a la primera en la ciudad de Ludlow, Massachusetts (EE.UU.), y al segundo en el Cercado de Lima. Sin embargo, con gran pesar debimos constatar que habíamos llegado tarde, pues en ambos casos su avanzada edad les impidió conversar con nosotros.

Antecedentes del material proporcionado por Simón Quesquén

En 1946, el suizo Konrad Huber realizó una copia del manuscrito, es decir de las listas de palabras reunidas por Rafael Quesquén en Eten (Huber 1953: 130).

Sólo cinco años después, en 1951, el antropólogo Víctor Antonio Rodríguez Suy Suy elaboró otra copia del manuscrito en Eten, por encargo de Paul Kosok. En su caso, los datos le fueron proporcionados por Simón Quesquén. Esta lista contiene las mismas palabras que la de Huber, pero se advierte la presencia entremezclada de algunas de las traducciones al castellano. También contiene una lista principalmente de frases cortas que no figuraba en la de Huber. Quesquén le indicó que la lista era la copia de unos documentos que había recibido de sus abuelos y que él había transcrito porque se estaban deteriorando, y que los originales ya no existían. Según Rodríguez, Quesquén inicialmente tuvo intenciones de dictarle la lista con la pronunciación respectiva, pero porque no disponía de un sistema adecuado de transcripción, Rodríguez prefirió copiar las palabras de la lista tal como estaban. Adicionalmente, Quesquén le comentó que en Eten quedaban muy pocas personas que recordaran unas tres o cuatro palabras mochicas (Kosok 1965: 248).Figura 3.
Figura 3.

“La Lira Infantil Quesquén” en 1930. A la izquierda Rafael Quesquén; Simón Quesquén es señalado por la flecha (Foto: Anónimo en Revista Mundial, 13.06.1930, Nº 521).

Américo Herrera Calderón y Simón Quesquén

En los años sesenta del siglo pasado, Américo Herrera Calderón trabajaba de profesor en el colegio José Andrés Rázuri de San Pedro de Lloc (Departamento de La Libertad), y era colega de Simón Quesquén, profesor de música. Los dos se hicieron muy amigos, y Quesquén solía saludar a Herrera Calderón con la expresión chucho rometec (‘muchacho loco’), a veces diciéndole también yarnanloc (‘¡Cállate la boca!’).

Quesquén le explicó que eran frases de la antigua lengua ya extinta de su ciudad natal Eten y que, si Herrera Calderón tenía interés en ello, él estaba dispuesto a enseñarle más. Herrera Calderón no mostró entonces mayor interés en el tema, pero cuando ya trabajaba como historiador en la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque, se dio cuenta de la suma importancia del idioma mochica. Salió entonces en busca de Quesquén, esta vez a su casa en Trujillo.

Así fue que en 1974 Herrera Calderón llegó a grabar a Quesquén en varias oportunidades, siempre en horas de la noche, cuando el estado anímico de Quesquén era mejor y el ruido de la calle, menor.

Ese mismo año, Herrera Calderón participó en el XLI Congreso Internacional de Americanistas en Ciudad de México, con la ponencia “Aportes Documentarios Quesquén para el Estudio de la Lengua Mochica”, en la cual reprodujo algunas de las grabaciones efectuadas (1988: 95).

Años después, en el marco del “Fórum de la Lengua Mochica” realizado en agosto de 1988 en Chiclayo, Herrera Calderón logró convencer a Quesquén para que hiciera una demostración pública de la pronunciación del mochica. Aparentemente esta demostración fue grabada (Cerrón-Palomino 1995: 67). Es probable que en esa oportunidad Quesquén se limitase a leer la misma lista ya copiada por Huber y Rodríguez (en adelante ‘lista Kosok’). De cualquier forma, sabemos que dichas grabaciones, si es que existieron, nunca fueron publicadas. Ello se debió posiblemente a las condiciones acústicas de ese evento público, poco apropiadas para una grabación. Probablemente fuese esa la razón por la cual Cerrón-Palomino en esta ocasión le solicitó a Quesquén poder realizarle otra grabación. No tuvo éxito: Quesquén se negó, según parece debido a malas experiencias previas, refiriéndose a la ya mencionada incorrecta transcripción publicada por Kosok (Cerrón-Palomino 1995: 67).

En una entrevista en el marco de dicho fórum, Quesquén comentó que su padre Rafael poco antes de morir le había urgido a nunca olvidar el mochica “porque ya lo están estudiando”, y agregó que al momento de la entrevista él ya estaba enseñando sus conocimientos del mochica en un colegio en Trujillo. También dijo que había viajado a México, Colombia y Venezuela para difundir sus conocimientos, y que en México iba a publicarse un libro titulado “Introducción y antecedentes sobre los Quesquén” (Málaga 1988: 24). Debemos consignar que dicho libro aparentemente no ha circulado, o al menos no nos ha sido posible encontrar evidencias de su existencia.

Evaluaciones previas de la pronunciación de Simón Quesquén

Las grabaciones aquí presentadas casi no introducen novedades léxicas, pues las frases y palabras ya fueron reproducidas en dos ocasiones previas (por Huber y Kosok). Su valor consiste en que permiten escuchar la pronunciación del mochica por primera vez. Debe sin embargo recordarse que las grabaciones fueron efectuadas casi medio siglo después de que Quesquén adquiriera sus conocimientos de la lengua, la que además en el intervalo había podido practicar escasamente. Antes de proceder a un estudio más exacto, revisaremos las opiniones que emitieron sobre la pronunciación del mochica por Quesquén las personas que lo escucharon hablar.

Comencemos por la autoevaluación de Quesquén. Él estaba muy convencido de que su pronunciación era correcta: en la grabación efectuada el 6 de marzo 1974, indica que los errores cometidos en la transcripción de la lista Kosok en 1951 no pueden serle atribuidos: “Estoy seguro que no puedo haberme equivocado en la pronunciación” (Grabación 1: 3’04). En la misma sesión, declara ser totalmente consciente de que su aporte a la investigación del idioma está en la pronunciación: “Voy a procurar recordar cómo mi abuela […] pronunciaba estas palabras para que quede en el recuerdo” (Grabación 1: 3’57), cosa que siempre enfatiza en las diferentes sesiones de grabación.

Contamos además con varias afirmaciones del lingüista Cerrón-Palomino, quien, después de haber escuchado a Quesquén en persona pronunciar el mochica, declara:

Nosotros, escépticos en un principio habíamos ido allá premunidos de un pequeño cuestionario, pero pronto quedamos parcialmente frustrados al constatar que, en realidad, el personaje invitado, entonces de ochenta años, era apenas una “grabadora humana”: reproducía mecánicamente, aunque seguramente con fidelidad, las voces y expresiones anotadas por su padre en un cuaderno de cantos que él guardaba como un verdadero tesoro, y no era para menos. Más allá de dicho corpus, don Simón no sabía ni recordaba nada (Cerrón-Palomino, 1995: 67).

Sobre la base de las aquí presentadas grabaciones podemos rectificar la afirmación de Cerrón-Palomino de que Quesquén no recordara nada: para ciertas frases y palabras aún en uso frecuente durante su niñez, él supo dar el contexto preciso en que se usaban y sin el cual carecen de sentido (Grabación 2).

Sin embargo, Cerrón-Palomino admite que la pronunciación de Quesquén, a primera vista, parece correcta. Por ejemplo, en cuanto a la sibilante postalveolar sorda [ʃ], cuya existencia en el mochica fue documentada por Carrera y Middendorf, Cerrón constata: “Así precisamente, tuvimos la oportunidad de percibirla de labios de don Quesquén, sin ninguna dificultad articulatoria, cuando normalmente un hispanohablante habitual no muestra la misma pericia” (Cerrón-Palomino 1995: 98-99).

Al mismo tiempo, Cerrón-Palomino advierte reiteradamente los efectos de la influencia castellana sobre Quesquén, en primer lugar en el léxico – por ejemplo, la palabra ñoven/ñofen, que en los listados de Carrera, Compañón, Middendorf y Brüning aún figura como ‘hombre’, según Quesquén significaba ‘joven’, probablemente por su parecido al castellano (Cerrón-Palomino 1995: 163). En las demás listas tardías de vocabulario recopilado en Eten (Villarreal, Larco Hoyle y Zevallos; citados en Salas García 2002: 28), la palabra también había sufrido el mismo cambio de significado. Cerrón-Palomino concluye que muchas de las diferencias entre el vocabulario recopilado de los ancianos bilingües por un lado, como lo reunieron todavía Brüning y Lehmann, y el de los posteriores hablantes ‘terminales’ o ‘evocadores’ como Quesquén, se deben a la presión que ejercía sobre ellos la nueva lengua dominante: la castellana (Cerrón-Palomino 1995: 171).

En relación a la ‘sexta vocal’ del mochica –transcrita <ö> por Cerrón-Palomino–, una de las mayores controversias en cuanto a la fonética del mochica, él constata: “Que el segmento mantenía su articulación hasta el colapso final de la lengua nos lo indican no sólo las recopilaciones de Brüning y de Lehmann sino incluso el testimonio personal de Simón Quesquén” (Cerrón-Palomino 1995: 166). Agrega que

[q]uisiéramos, finalmente, aportar un dato más que, aunque anecdótico, resulta sumamente ilustrativo por porvenir de un testigo ocular. En el “Foro” realizado en Lambayeque, don Simón Quesquén hizo públicamente la demostración de que para hablar mochica había que abocinar los labios, hecho que naturalmente despertó comentarios jocosos entre el público profano, pero que nos confirmó la hipótesis acerca de la presencia del segmento vocálico discutido (Cerrón-Palomino 1995: 79).

En las grabaciones que presentamos, Quesquén también hace referencia a la importancia de dicho abocinamiento de labios; sin embargo, no lo relaciona con ningún sonido específico, sino más bien con la pronunciación del idioma en general: “Voy a pronunciarlas, tratando de imitar a aquellos personajes, que como repito, entre ellos mi abuelita, las pronunciaba y que para esto los labios tenían que formar una especie de círculo” (Grabación 2: 04’01).

Finalmente, podemos concluir que Cerrón-Palomino aún en 1988 le asignó un gran valor a la pronunciación del mochica que hace Quesquén. Considerando que las grabaciones datan de 1974, es decir 14 años antes del fórum, además de que fueron realizadas en un ámbito mucho más cómodo para él –en su domicilio y sin un gran público–, cabe asumir que la calidad de la pronunciación en las grabaciones aquí presentadas supera la que fue evaluada por Cerrón-Palomino.

Descripción física y contenido de las grabaciones

Se trata de cinco grabaciones realizadas en cinco diferentes ocasiones: las primeras tres en marzo de 1974, y las dos últimas, el 17 y el 24 de agosto del mismo año. Fueron registradas por Américo Herrera Calderón en casa de Simón Quesquén en Trujillo. Las grabaciones, de una duración total de 1h 02’52, son de buena calidad y permiten escuchar con facilidad a Quesquén. La única excepción es la grabación N° 2 cuya calidad es media, aunque suficiente para escucharle y entender casi todo. A fin de facilitar la buena reproducción del material, se ha procedido a reducir digitalmente los ruidos de fondo, nivelar el volumen y disminuir los bajos.

Las grabaciones pueden ser descargadas bajo el siguiente enlace:

<http://publications.iai.spk-berlin.de/receive/reposis-iai_mods_00003043&gt;

Grabación N° 1: La primera grabación tiene una duración total de 10’50 y consta de dos partes.

Parte 1: 00’00-04’38: Quesquén da algunas explicaciones sobre sus raíces y el origen de la lista de palabras mochicas que leerá a continuación, haciendo hincapié en los muchos errores en la copia de la lista Kosok (1965: 248). Adicionalmente declara ser gran conocedor de la música folclórica de Eten e indica el lugar y la fecha de la grabación.

Parte 2: 04’38-10’50: Quesquén da lectura a un listado de 47 palabras y frases cortas en mochica, pronunciándolas –con una sola excepción– dos veces seguidas antes de indicar su traducción al castellano. Todas estas palabras y frases, así como sus respectivas traducciones, coinciden con la lista de Huber, aunque no se reproduce la lista completa en esta ocasión y aunque varía el orden de palabras y frases (ver Huber 1953: 130-134).

Grabación N° 2: La segunda grabación tiene una duración total de 21’31 y consta de tres partes.

Parte 1: 00’00-04’29: Quesquén da otros detalles sobre cómo adquirió la lista de palabras, transmitida de generación en generación desde su bisabuelo Marcelo Quesquén, a su abuelo Santiago Quesquén y su padre Rafael Quesquén, en cuyo tiempo el idioma ya desfallecía, hasta Simón. A la vez, explica que fue su abuela Manuela Nuntón quien les enseñó el mochica a él y a sus hermanos. Por desgracia es justamente en esta parte donde la grabación presenta dos cortas interrupciones, de un total de 15 segundos. Nuevamente Quesquén da cuenta de la serie de errores e incongruencias de la lista Kosok. Hace énfasis en el detalle que ya hemos mencionado: la necesidad de abocinar los labios para la pronunciación correcta del mochica, lo que también siempre veía en su abuela. Explica que el mochica era antes llamado “el dejo”, palabra ya usada en el mismo sentido por Isidora Isique de Eten, la informante principal de la lista de palabras mochicas de Lehmann, recopilada en 1929 (Schumacher de Peña 1991: 1).

Parte 2: 04’30-20’52: Quesquén da lectura a un listado de 82 palabras y frases cortas en mochica, pronunciándolas (salvo en una oportunidad) una sola vez antes de indicar su traducción al castellano. En este caso solamente 71 de estas palabras y expresiones se encuentran en la lista de Huber, mientras que las restantes están registradas en la lista adicional de Kosok. Aparte de la pronunciación misma, las explicaciones contextuales de ciertas expresiones proporcionadas por Quesquén son un elemento muy valioso de esta parte. La vivacidad de las explicaciones de Quesquén habilita a suponer que en su niñez estas expresiones aún estaban en uso.

Parte 3: 20’53-21’31: Quesquén anuncia que realizará más grabaciones con Herrera Calderón y reitera que su pronunciación del mochica es auténtica.

Grabación N° 3: La tercera grabación tiene una duración total de 15’15 y se divide en cinco partes.

Parte 1: 00’00-00’27: En la introducción a esta tercera ocasión, Quesquén se limita a decir que a continuación pronunciará las palabras mochicas acorde a la pronunciación en la época de su abuela.

Parte 2: 00’28-11’02: Quesquén da lectura a un listado de 124 palabras y frases cortas en mochica, pronunciándolas –salvo contadas excepciones– dos veces cada una, esta vez sin indicar la traducción al castellano.

Mientras 109 de estas palabras y frases se encuentran registradas en la lista de Huber, las 15 restantes figuran en la lista adicional de Kosok.

Parte 3: 11’03-13’03: Quesquén da lectura a unos apuntes en mochica a partir de un documento deteriorado de su abuelo Santiago Quesquén: un total de 16 secuencias de palabras que pronuncia dos veces cada una. No corresponden a las listas de Huber y Kosok, y Quesquén no indica su traducción. La lectura que hace aquí Quesquén, a diferencia del resto de las grabaciones, es bastante insegura.

Parte 4: 13’04-13’58: Quesquén pronuncia cinco secuencias de palabras mochicas a partir de otro documento dejado por su abuelo Santiago: la carátula de una orquesta llamada “Verdi”, de 1917. Recupera su habitual confianza en la pronunciación de las palabras, pero tampoco da la traducción. Nuevamente se trata de una lista nueva cuyo contenido no figura en las de Huber y Kosok.

Parte 5: 13’59-15’15: Quesquén lee una tercera lista nueva, aunque también breve. Se trata de cinco títulos de composiciones de su padre Rafael Quesquén, quien como cultor de la música vernácula había decidido intitularlas en mochica. En este caso da las traducciones al castellano.

Grabación N° 4: La cuarta grabación tiene una duración total de 11’23 y consta de tres partes.

Parte 1: 00’00-00’43: Al inicio de la cuarta grabación, efectuada algunos meses después de las primeras tres, Quesquén indica que la lista (la misma de Huber y Kosok) se originó en tiempos de su bisabuelo Marcelo Quesquén algo más de unos noventa años antes, es decir alrededor de 1880.

Parte 2: 00’44-11’09: Quesquén da lectura a un listado de 121 palabras y frases cortas en mochica, pronunciándolas –salvo contadas excepciones– dos veces cada una, sin indicar la traducción al castellano.

En este caso, 109 de estas palabras y frases cortas se encuentran en la lista de Huber, mientras que las 12 restantes están incluidas en la lista adicional de Kosok.

Parte 3: 11’11-11’23: Al finalizar la grabación, Herrera Calderón indica la fecha y el lugar de realización del registro.

Grabación N° 5: Esta grabación tiene una duración total de 03’52 y se divide en cinco partes. Tanto por su corta duración como por el hecho de que, a diferencia de las otras grabaciones, comienza directamente con la pronunciación de palabras mochicas, intuimos que se trata de un surco parcialmente sobrescrito.

Parte 1: 00’00-00’28: Quesquén inicia la grabación con cinco secuencias de palabras mochicas, las mismas que ya hemos mencionado en la parte 4 de la tercera grabación, leídas a partir de la carátula de la orquesta “Verdi” de 1917, de Santiago Quesquén. Como ya hemos indicado, el contenido de esta lista no está incluido en las listas de Huber y Kosok.

Parte 2: 00’30-00’46: Confirmando nuestra afirmación, Herrera Calderón explica que las cinco secuencias de palabras mochicas antedichas “corresponden a un documento en cuya parte posterior dice: libro de actas perteneciente a la estudiantina musical Verdi fundada en Eten el 23 de febrero de 1917”.

Parte 3: 00’47-02’50: Quesquén da lectura a un total de 16 secuencias de palabras mochicas, las cuales pronuncia dos veces seguidas cada una. No están incluidas en las listas de Huber y Kosok, y no se indica su traducción. Aunque no se especifica en esta grabación, se trata de la misma lista leída ya en la tercera parte de la grabación N° 3, por lo que corresponde al documento de Santiago Quesquén referido anteriormente. En esta ocasión, Simón Quesquén se muestra algo más confiado al pronunciar las palabras mochicas dejadas por su abuelo.

Parte 4: 02’51-03’26: Quesquén indica dos palabras adicionales de memoria, sin recordar su significado. Sin embargo, la segunda ya se encuentra en la lista de Huber leída por Quesquén, mientras que la primera es de origen castellano.

Parte 5: 03’27-03’52: Herrera Calderón clausura esta última grabación algo mutilada indicando fecha, hora y lugar de su realización. Asimismo, indica que las palabras de la tercera parte fueron rescatadas por Simón Quesquén a partir de un documento de su abuelo Santiago que ya se estaba deteriorando y del cual, por ello, había elaborado una copia.

Considerando las listas publicadas por Huber y Kosok, constatamos que, por razones que ignoramos, Quesquén no da lectura a quince palabras / expresiones de la primera y cinco de la segunda lista.

Segunda parte: evaluación de la pronunciación de Quesquén

Esta segunda parte de nuestro artículo pretende arribar a un primer juicio sobre el valor de las grabaciones en cuanto a su posible contribución a la discusión acerca de la pronunciación del mochica. Por tratarse de un tema amplio, sujeto de numerosos análisis y debates, en esta ocasión nos abstenemos de dar un resumen de los avances y principales controversias en torno a la fonética y la fonología del idioma, por cuanto hacer justicia a las múltiples cuestiones por resolver rebasaría los límites del presente trabajo. Para orientar la evaluación de la pronunciación de Simón, nos enfocaremos más bien en las grabaciones mismas, así como en los documentos escritos de la familia Quesquén.

Metodología

El análisis de la pronunciación de Quesquén en su totalidad con la finalidad de validar las grabaciones, requeriría un trabajo extenso con los archivos de audio mismos, con las fuentes más antiguas, sobre todo Middendorf y Brüning y con los análisis de la fonética y fonología realizados hasta la fecha (Cerrón 1995Torero 1997Salas 2002Hovdhaugen 2004). El marco del presente artículo no permite un análisis tan completo, el que, además, excedería su objetivo de obtener una pre-evaluación. Sin embargo, para poder obtener una primera idea de los aportes de las grabaciones a la discusión sobre la fonética del mochica, se analizará una muestra de 25 palabras pronunciadas por Quesquén.

Estas palabras de muestra del archivo de audio (Tabla 1) han sido seleccionadas aleatoriamente entre todas las que figuran tanto en las grabaciones como en los registros de Huber y/o Kosok. Se formula la siguiente pregunta central: con el idioma materno de Quesquén y la variedad local de la costa de Lambayeque (ver p. ej. Dietrich & Geckeler 2004: 178-181; Lipski 1997García Albújar 1995) de fondo, ¿su pronunciación de la palabra en cuestión difiere de una realización castellana de la palabra documentada en las listas de Huber y Kosok? ¿Se evidencia que Quesquén, más que leer la palabra de acuerdo a las normas fonológicas del idioma español, recurre a una pronunciación memorizada, usando uno o varios sonidos ausentes en el sistema fónico del castellano propio de su variedad local?

Considerando que los abuelos paternos de Quesquén dominaban el mochica lo suficiente como para comunicarse en esa lengua, cabe asumir que el mochica que hablaban coincidía en grandes rasgos con lo que fue documentado por Middendorf y Brüning, quienes puntualizan que la grafía castellana es insuficiente para la transcripción fonética de palabras mochicas. Por lo tanto, si Quesquén recuerda las lecciones de su abuela, su pronunciación necesariamente divergirá al menos en algunos casos de una mera realización de las palabras de la muestra según la normativa fonética local del castellano.

Comentarios previos sobre las fuentes usadas para el análisis fonético

Las listas de Huber (1946) y Kosok (1951)

Dado que carecemos del manuscrito original de la familia Quesquén al que Simón Quesquén da lectura en las grabaciones, nuestro análisis tiene como base escrita las copias de esas listas que realizaron Huber y Kosok. El mismo Quesquén critica en las grabaciones (Grabación 1: 3’04) que la copia de Kosok contenga una cantidad considerable de errores (ver también Salas García 2002: 238); también son notorias varias divergencias entre ambas listas en algunas de las 25 palabras de muestra. Las diferencias de relevancia fonética se discutirán en el análisis líneas abajo en los casos más resaltantes de la muestra. Por lo demás, prescindiremos de una discusión general de la problemática de las listas de Huber y Kosok.

En cuanto a las listas en sí, se trata de una enumeración de palabras con su respectiva traducción, carente de toda indicación sobre la pronunciación. De cualquier manera es evidente la avanzada hispanización del vocabulario, fenómeno comentado ya por Brüning cuando documentó el idioma (Brüning 2004 [1924]: XVII). Esa hispanización se manifiesta en el agregado de una <e> final.1 Además, se observa la ausencia de signos diacríticos ajenos al idioma español, entre otros, además de que la grafía de las palabras en general demuestra que las listas han sido redactadas por y para personas de habla castellana. Estas observaciones coinciden con la fecha tardía (primeras tres décadas del siglo XX) de recopilación del vocabulario por parte de los Quesquén en la fase final del idioma antes de su extinción. Debe señalarse que carecemos de información sobre cómo Manuela Nuntón y Santiago Quesquén adquirieron el idioma, y en lo referente a Rafael Quesquén, ni sabemos si aprendió a hablarlo. De Nuntón y Santiago Quesquén sabemos solamente que Santiago redactó una parte del manuscrito al cual su nieto da lectura en las grabaciones, el mismo en el que se basó Nuntón para enseñarles la pronunciación del mochica a sus nietos.

De cualquier forma, el análisis de las grabaciones y su cotejo con las listas de Huber y Kosok podrían aclarar la relación entre la grafía de las palabras en las listas y su respectiva pronunciación. Lo más probable, sin embargo, es que se haya intentado la transcripción mediante una ortografía fonética que por falta de conocimientos lingüísticos y por la fuerte influencia del idioma español sobre este registro de palabras, resulta menos objetiva y científica que la documentada por Brüning y Middendorf. Tomando en cuenta la insuficiencia del sistema gráfico castellano para representar la complejidad fonética del mochica, el posible valor de las grabaciones se evaluará entonces mediante el análisis de las divergencias entre la grafía extremadamente castellanizada y la pronunciación de Quesquén. En efecto, cuanto más se aleje la pronunciación de Quesquén de la lectura de las palabras en las listas de Kosok y Huber según las normas fonéticas del castellano, tanto más probable es que nos pueda revelar algo de fonética y fonología del mochica en su última fase de uso activo en Eten. Por supuesto quedaría pendiente un segundo paso de análisis, en el cual se habrá de evaluar si las divergencias registradas son arbitrarias o si la pronunciación de Quesquén se aproxima a la documentada por Brüning y Middendorf.

Las grabaciones de Quesquén (1974)

Para poder evaluar correctamente las grabaciones, es importante recordar algunos aspectos de la relación de Quesquén con el mochica. Primeramente, su lengua materna y prioritaria para la comunicación durante toda su vida fue el castellano, y en particular su variedad local, muy probablemente con marcada influencia del mochica en el período en que ambos idiomas coexistieron en la zona.

En segundo lugar, Quesquén no tenía conocimientos del mochica más allá de la pronunciación de una selección reducida de palabras y frases que había aprendido de su abuela, después de cuyo fallecimiento en 1947 a más tardar las oportunidades de Quesquén de usar la lengua mochica fueron extremadamente escasas. En las grabaciones, Quesquén pronuncia las palabras y frases de manera perfectamente consciente de su valor fonético y fonológico, con el objetivo explícito de preservar la pronunciación que había aprendido. Esta situación particular de comunicación con su consecuente articulación clara y cuidadosa, probablemente exagerada –quizá incluso enseñada así por su abuela– determina una pronunciación que difiere de la propia de un contexto de uso real del idioma. Independientemente de ello, la pronunciación de Quesquén hace posible el cotejo con los demás registros del idioma, ya que muy probablemente también la documentación del idioma por Middendorf, Brüning y los demás investigadores del mochica se habrá realizado en condiciones similares, dado que ninguno de ellos tuvo un dominio del idioma suficiente para transcribir el habla coloquial de diálogos reales y cotidianos.

Transcripción y análisis de la muestra de palabrasTabla 1.
Tabla 1.

Muestra de palabras de las grabaciones.

Análisis de las palabras de la muestra

El reducido tamaño de la muestra nos permite realizar un análisis comparativo palabra por palabra. Recordemos que el objetivo principal consiste en determinar si la pronunciación de Quesquén difiere de alguna manera de una mera lectura de las palabras de las listas de Kosok y Huber bajo las normas fonéticas del castellano.

Para facilitar la identificación de las palabras en este análisis y debido a la mayor cantidad de inconsistencias en la lista de Kosok, toda la grafía se regirá por la documentación de Huber.

facch

La grafía en el manuscrito de la familia Quesquén según Huber y Kosok (<facch>) difiere de la realización fonética de la palabra por Quesquén, ya que este no realiza la oclusiva velar sorda <c>. En los demás sonidos, coincide con la pronunciación fonética propuesta para la grafía en Huber/Kosok.

jarnanloc

La pronunciación de Quesquén difiere de la transcripción propuesta para la grafía de Huber/Kosok en dos sonidos: la oposición cuantitativa [ɾ] vs. [r], sobre la que, por falta de documentación, no podemos determinar si es distintiva o no en el mochica;3 y la supuesta oclusiva velar sorda final (<c>), la cual no encuentra su equivalente en la realización fonética por Quesquén.

Finalmente, debemos asumir que en la grafía de Huber, la <j> en vez de la <y> de Kosok constituye un error ortográfico, ya que los demás investigadores contemporáneos que registran esta palabra (ver Salas García 2002: 49) también documentan lo que debe representar una semiconsonante palatal sonora, lo cual coincide con la pronunciación del sonido tal como fue registrada en las grabaciones.

jacse

Constatamos una variación importante en la pronunciación de la palabra por Quesquén: mientras que en una ocasión no realiza la <e> final que figura en la grafía, en otra sí la pronuncia, lo que corresponde a la propuesta de transcripción de Huber/Kosok según normas fonéticas del castellano local. En la primera grabación, Quesquén incluso termina la palabra en una fricativa postalveolar sorda carente de un equivalente en las versiones gráficas registradas.

quishmique

Huber registra una <h> que no aparece en la forma anotada por Kosok, por lo que asumimos que los autores transcriben una fricativa coronal diferente: [s] (Kosok) vs. [ʃ] (Huber). En cuanto a la pronunciación de Quesquén, descartamos la variación fonética de la cuarta grabación, considerando que las primeras tres coinciden en otra versión. En estos casos, Quesquén pronuncia la fricativa postalveolar registrada por Huber, pero se aparta de su forma tanto en cuanto a la mencionada <e> final, como a la primera vocal. En la grabación de Quesquén notamos también una clara aspiración de la <k>.

cúchis

Nuevamente, la realización fonética de la palabra de Quesquén varía de una grabación a otra, en este caso en cuanto a la primera vocal. En algunos casos, cuando Quesquén realiza la primera vocal como [u], se acerca más a la palabra registrada en las listas de Huber y Kosok, presentando solamente una divergencia en la terminación de la palabra.

cónsihe

Primeramente, observamos que Huber y Kosok no coinciden en su transcripción, resultando en propuestas fonéticas muy distintas. Además, la realización fonética de la palabra por Quesquén tampoco contribuye a aclarar el asunto, ya que varía demasiado de una grabación a otra. Su pronunciación en la cuarta grabación corresponde a la grafía de Huber –que aparentemente intenta transcribir un acento prosódico en el caso de la <ó>–, mientras que las versiones de las grabaciones 1 y 3 carecen de un equivalente gráfico evidente.

mecherque

Nuevamente la grafía de Huber/Kosok registra una <e> final que Quesquén no realiza en todas las ocasiones y en cambio aspira la consonante final. Además de esto, la pronunciación de Quesquén, aunque varía en las diferentes grabaciones, presenta un repertorio vocálico mucho más diverso que el del castellano, con vocales centrales –[ɨ] y [ə]– así como una vocal casi abierta semianterior – la [ɛ]. Téngase en cuenta que la prosodia de Quesquén difiere de las normas respectivas del castellano.

mellus

Nuevamente Kosok parece transcribir un acento prosódico, el cual sin embargo no corresponde a la prosodia de las palabras grabadas. Resalta la realización de <ll> como [l] o incluso [l:] por Quesquén, difiriendo de esta manera de todas las versiones registradas de la palabra por los investigadores anteriores, quienes dejan clara su intención de documentar una aproximante lateral palatal sonora al inicio de la segunda sílaba (ver también Salas García 2002: 61).

miquer

Constituye otro ejemplo de que el inventario fonético usado por Quesquén en las grabaciones supera el del castellano. En este caso, Quesquén realiza una vocal semiabierta que no pertenece al repertorio vocálico castellano. Adicionalmente notamos que la prosodia de Quesquén se aleja de las normas prosódicas del castellano.

giac

En este caso, la realización de Quesquén corresponde exactamente a la transcripción fonética de las versiones registradas por Huber y Kosok –cuya variación gráfica no implica diferencias fónicas– según las normas fonéticas del castellano local de Eten.

teb

Tomando en cuenta que se trata de una terminación de palabra no común en el castellano, aquí observamos un caso de ensordecimiento, ya que Quesquén realiza una oclusiva bilabial sorda al final de la palabra aunque la grafía registra una consonante sonora.

fanun

La única particularidad en la pronunciación de la palabra por Quesquén consiste en la velarización –si bien ligera– de la nasal sonora final. Mientras que se trata de un fenómeno frecuente en el castellano por la asimilación de consonantes nasales al lugar de articulación de la siguiente consonante –notamos además que en este caso la <n> es la consonante final en la articulación de una palabra separada–, no disponemos de datos sobre su posible existencia en el mochica. Señalamos finalmente que en las grabaciones no hallamos un equivalente para la versión alterna <yanun> documentada por Kosok.

jiam

Igual que en el caso de giac, aquí también la pronunciación de Quesquén corresponde a la traducción fonética de las versiones registradas por Huber y Kosok según las normas fonéticas del castellano local de Eten.

nepete

En este caso también notamos una sola diferencia entre la transcripción fonética de acuerdo a las normas del castellano local y la realización fonética de la palabra por Quesquén: Mientras que la palabra tal como apuntada por Huber/Kosok inicia con una nasal sonora en posición alveolar, Quesquén la articula en el punto palatal.

ñesho

Por la considerable diferencia entre las grafías de la palabra en las listas de Huber y Kosok, debemos tomar en cuenta la posibilidad de que, en la versión registrada por Kosok, se trate de una de las palabras que Rodríguez anotó según la versión dictada por Quesquén, en el intento de una ortografía fonética en base al sistema fonético castellano (Kosok 1965: 248), mientras que Huber copió la grafía del manuscrito. Este escenario resulta mucho más probable considerando las diversas diferencias entre la transcripción propuesta de la palabra documentada por Huber y la realización fonética de la misma por Quesquén, la cual coincide perfectamente con la transcripción de la grafía registrada por Kosok, aunque la <i>, en este caso, es redundante.

kiche

Se trata de otro ejemplo en el cual Quesquén no realiza la <e> final, insistiendo en sus explicaciones adicionales en la segunda grabación incluso en este mismo hecho. Adicionalmente, la vocal –por ende única– de la palabra es notablemente larga, algo que la grafía no permite inferir.

costape

La variación principal entre la palabra tal como la pronuncia Quesquén, y la propuesta de transcripción en base a las normas fonéticas del castellano local, se registra en la prosodia, por lo menos en el caso de la versión de la tercera grabación. Mientras la norma castellana determina acentuar la palabra en la segunda sílaba, Quesquén la acentúa en la primera. Además de esto, en la versión de la tercera grabación, la primera sílaba parece terminar en una nasal alveolar sonora, pero considerando que Quesquén presenta mayor inseguridad al pronunciar esta palabra, y que la calidad de la grabación deja lugar a dudas, desistimos de profundizar en este aspecto.

vellus

Aparte de la fricativa labiodental sonora [v], la cual no forma parte del inventario fónico del castellano, notamos el mismo fenómeno que ocurre en el caso de mellus: Quesquén realiza la <ll> como [l] o incluso [l:], difiriendo nuevamente de las versiones registradas de la palabra por otros investigadores (ver p. ej. Salas García 2002: 80).

got

La pronunciación de Quesquén no coincide con la realización fonética según normas del castellano de ninguna de las dos versiones gráficas documentadas, ya que estas no recogen la fricativa velar sorda registrada en las grabaciones. Sin embargo, podríamos asumir que la <h> de la versión de Kosok resulta de un intento de transcribir justamente este sonido.

sequemoi

Nuevamente observamos el uso de una vocal fuera del repertorio vocálico castellano: Quesquén realiza las dos <e> de las sílabas no acentuadas como vocales media-centrales. El acento prosódico recae en la última sílaba, lo que también difiere de las normas del castellano.

joc

La única diferencia entre la transcripción propuesta de acuerdo a normas fonéticas del castellano y la realización por Quesquén consiste en la aspiración de la oclusiva velar sorda en algunos de los casos grabados. Dado que carecemos de datos definitivos sobre el posible carácter aspirado de las consonantes mochicas, no podemos evaluar esta variación. La segunda versión registrada por Kosok no tiene equivalente en las grabaciones.

jiamud

El único punto de divergencia entre la transcripción fonética propuesta para las listas de Huber/Kosok y la realización de Quesquén se registra en la prosodia: mientras que, según la normativa del castellano, debemos suponer el acento prosódico de la palabra en la última sílaba, Quesquén acentúa la primera.

jujuna

En ambas grabaciones se advierte que Quesquén realiza una [j] en la segunda sílaba que no figura en la grafía de Huber/Kosok. Aparte de esta particularidad, la transcripción fonética propuesta para la palabra documentada en las listas, corresponde a la pronunciación de Quesquén.

shaipi

La realización fonética coincide perfectamente con la propuesta de transcripción de la palabra tal como fue registrada por Kosok. Por las considerables diferencias entre las versiones registradas por Huber y Kosok, se trata de otro caso en el cual podemos asumir que Huber copió la grafía del documento de Quesquén, mientras que Rodríguez anotó la versión tal como la pronunciaba Quesquén, en un intento de ortografía fonética en base a la normativa del castellano. En este sentido, podríamos suponer que la razón del uso de una <y> en vez de <i> consiste en enfatizar la presencia de un diptongo.

hechagur

Igual que en los casos de ñesho/ñiech y shaipi/chaypi, aquí la diferencia entre las dos versiones documentadas por Huber y Kosok permite suponer que se trata de una de las palabras que Rodríguez anotó tal como la pronunció Quesquén, mientras que Huber copió la versión escrita en la lista: aparte de la [a] que pronuncia Quesquén pero que no figura en la grafía de Huber, notamos también la clara pausa entre la segunda y la tercera sílaba, la cual se refleja en la grafía de Kosok quien anota dos palabras separadas.

Conclusiones de la evaluación

  1. 1. El análisis realizado y el intento de incorporar esta fuente a la investigación del mochica, nos enfrentan a una problemática multidimensional, tanto por las particularidades de adquisición parcial y falta de práctica por parte de Quesquén, como por la inaccesibilidad del manuscrito original y la deficiencia de las copias realizadas por Huber y Kosok. El contexto particular de las grabaciones, su calidad variada y la pronunciación insegura de Quesquén en el caso de varias palabras, dificultan adicionalmente la evaluación.
  2. 2. La pronunciación de las palabras por Quesquén no coincide en todas las grabaciones. A primera vista, la tercera grabación presenta más aspectos interesantes que las demás, ya que la muestra analizada indica una mayor divergencia entre la pronunciación de Quesquén y la propuesta de pronunciación de las listas de Huber/Kosok según normas fonéticas del castellano, mientras que las demás grabaciones en varias ocasiones se presentan como mera lectura de las palabras escritas. Desconocemos las circunstancias exactas y el estado de ánimo de Quesquén en el momento de cada grabación, por lo que debemos asumir una posible influencia de estos factores sobre la calidad del material. No podemos determinar cuál grabación aporta las informaciones más valiosas desde el punto de vista lingüístico.
  3. 3. La pronunciación de Quesquén presenta indicios claros del acercamiento del mochica al castellano, al igual que la grafía en las listas de Huber y Kosok. Sin embargo, en diversos casos difiere de una realización de las palabras de dichas listas según las normas fonéticas del castellano.4 Su inventario fónico, al pronunciar las palabras mochicas, supera el del castellano, sobre todo en cuanto a las vocales, además de que incluye terminaciones consonánticas ajenas al castellano.4 En conjunto con la observación de Rodríguez sobre la insuficiencia de los grafemas castellanos para reflejar la complejidad fonética del mochica, esto podría indicar que las grabaciones pueden ayudar a resolver la problemática de las listas de Huber/Kosok y posiblemente constituir para algunos casos una fuente más confiable.
  4. 4. Por estas razones, las grabaciones tienen el potencial de ser un insumo valioso para la discusión sobre la pronunciación del idioma mochica en su última fase de existencia. Debemos tener en cuenta que, en todo caso, no podrán resolver la mayoría de las controversias existentes, primeramente porque estamos ante una pronunciación sumamente prevenida de un reducido número de palabras y frases, y luego porque la mayoría de dichas controversias atañen a épocas anteriores, sobre las cuales las grabaciones no permiten sacar conclusiones.
  5. 5. Queda pendiente un análisis mucho más detallado de carácter comparativo que considere tanto la pronunciación de Quesquén y las listas de Huber/Kosok, como también las fuentes cercanas a la época de adquisición y práctica del idioma por la abuela de Quesquén. Ello, a su vez, requiere una reconstrucción nueva y más cuidadosa de la fonética documentada por Middendorf y Brüning, ya que las transcripciones existentes hasta la fecha se muestran deficientes.5 Este análisis comparativo nos revelará si las divergencias entre la pronunciación de Quesquén y una realización fonética de las palabras de las listas de Huber y Kosok según normas de pronunciación del castellano, son de carácter arbitrario o si obedecen a una proximidad mayor al estado del idioma en la juventud de Manuela Nuntón como documentaron Middendorf y Brüning. Se considerará, además, la posible evolución de la lengua en esta última fase.Por último, dicho análisis deberá enfrentar la problemática arriba expuesta tomando en cuenta que la cantidad de palabras grabadas es limitada y que probablemente se reducirá adicionalmente la de aquellas que permitan conclusiones definitivas, debido a los casos en que Quesquén pronuncia con mayor inseguridad. Además, no se podrán encontrar equivalentes en fuentes anteriores para todas las palabras y frases cortas contenidas en las grabaciones y las listas de Huber y Kosok.

Conclusiones

  1. 1. Estamos ante un material sumamente interesante para el estudio del idioma mochica en su última fase de existencia. El análisis de la muestra de palabras indica el potencial de las grabaciones de convertirse en una fuente para la investigación del mochica. Sin embargo, sin realizar un análisis comparativo exhaustivo, no podemos determinar con seguridad su valor para la lingüística mochica, considerando que en la época de Quesquén, el idioma funcionaba más como un vestigio del pasado de Eten que como un medio de comunicación.
  2. 2. Independientemente del valor meramente lingüístico del material, el esfuerzo autóctono por rescatar restos del léxico y la pronunciación del mochica, realizado a lo largo de más de medio siglo por la familia Quesquén, es un caso aislado y digno de ser documentado por sí mismo, desde una perspectiva más sociológica que lingüística.
  3. 3. Si bien el material no ofrece novedades del léxico mochica, las grabaciones podrán servir para aclarar las numerosas contradicciones entre ambas recopilaciones del mismo material realizadas por Huber y Kosok, debidas principal aunque no únicamente, a errores de transcripción por parte del último. Sin la posibilidad de ubicar el documento original, habrá que llevar a cabo un análisis comparativo entre las dos listas y las grabaciones, tanto respecto a la pronunciación de las palabras con la finalidad de poder deducir la grafía correcta, como también a la traducción respectiva.
  4. 4. Asimismo, las explicaciones dadas por Quesquén sobre el contexto en el cual se usaban ciertas expresiones y frases, resultan un aporte relevante no tanto por su amplitud como por su gran novedad, a fin de facilitar la interpretación correcta del vocabulario documentado.

Agradecimientos

Queremos expresar nuestra gratitud a Jairo Valqui, Francisco Merino, Fabian Licher y Kerry Gubits que han colaborado en diversos aspectos del presente artículo, así como a Consuelo Westter de Herrera, viuda del Dr. Américo Herrera Calderón.

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Notas1 La agregación de la vocal paragógica a palabras indígenas que terminan en consonante oclusivo ocurrió también en otros idiomas nativos como consecuencia del contacto con el castellano (Valqui & Ziemendorff 2016: 17).2 A pesar de que la palabra jacse también aparece en la grabación 2, no la consideramos aquí por la mala calidad de esta parte del audio.3 El hecho de que Middendorf (1892: 50) insista en grafías distintas para [ɾ] y [r] podría indicar que se trata de dos fonemas, pero no habilita a conclusiones más específicas en cuanto al contexto y la posición en la que ambos sonidos funcionan como fonemas.4Brüning (2004 [1924]: XVII) incluso observa que la <k> final del mochica resultaba difícil de pronunciar para los pobladores que ya no dominaban el idioma y que por ello estos le agregaban una <e> final u omitían la <K>en su pronunciación. Quesquén no siempre sigue este patrón.5 Otra fuente de utilidad para tal comparación es la lista de Walter Lehmann, quien tuvo especial cuidado en transcribir la fonética lo más precisamente posible (Schumacher 1991). Asimismo, el intento de reconstrucción del inventario fonético del idioma realizado por Hovdhaugen (2004: 10-17) constituye un insumo valioso. Sin embargo, hay que tener en cuenta que Hovdhaugen da prioridad a la documentación de la fonética en la gramática de Carrera, la cual, por ser una fuente temprana, presenta una influencia todavía no tan fuerte del idioma castellano. Sin embargo, la interpretación de las descripciones de Carrera resultó en muchos casos muy difícil y ambiguo.

Grabaciones del extinto idioma mochica
Recordings of the Extinct Mochica Language

DOI: https://doi.org/10.1844/ind.v36i1.77-108

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